| ||||||||||||
Por Norberto Ovando (*), especial para Agencia NOVA. La detallada investigación del cartógrafo Paolo Greer en archivos de Estados Unidos y Perú ha desenterrado documentos que prueban que el alemán Augusto Berns creó una empresa expresamente para saquear Machu Picchu en 1867. La empresa, conocida como Compañía Anónima Explotadora de las Huacas del Inca, que instaló Berns en la selva al sudeste de Cusco, en Aguas Calientes para explotar un aserradero contaba con el apoyo de algunos de los personajes más importantes de Perú, entre ellos el presidente del país, José Balta pero en realidad era utilizada para sacar el oro al extranjero. Este oscuro empresario alemán fundó un pequeño negocio de producción de durmientes de ferrocarril en Perú en la década de 1860, entonces compró unos terrenos cercanos a las entonces desconocidas ruinas de Machu Picchu para talar árboles de los que sacar madera y así descubrió y exploró las ruinas entre 1867 y 1870. El equipo formado por el historiador peruano Carlos Carcelén, quien realizó su investigación junto con el cartógrafo estadounidense Paolo Greer, el arqueólogo francés Alain Gioda y el historiador británico Alex Chepstow-Lusty, efectuó indagaciones en archivos de Perú, Estados Unidos y España que cuestionan la versión de que Machu Picchu fue descubierta por Hiram Bingham de El historiador Aalin Gioda reveló, que el punto de partida de la investigación fue el hallazgo de un mapa alemán del siglo XIX, en los archivos de Carcelén fue enfático al señalar que a Berns "no lo movía un interés científico ni arqueológico", sino que formaba parte del contingente de europeos que venían a saquear al Perú en el siglo XIX. "Eran comerciantes que no tenían oficio ni beneficio y que llegaron a enriquecerse". Segundo “descubrimiento” y saqueo Otro personaje que hoy resulta poco respetable para los historiadores peruanos, es el explorador, Hiram Bingham, quien en 1911 “descubrió” de manera oficial la ciudadela de Machu Picchu. Bingham realizó este trabajo gracias al apoyo de El caso de este explorador estadounidense fue muy distinto al caso de Berns, debido principalmente a que las extracciones no ocurrieron con fines mercantiles sino científicos, sin embargo, existen puntos y acuerdos violados que hasta la fecha, a casi cien años de ocurrido el hecho aún no pueden ser resueltos por las artes involucradas, tanto por el parte peruano como el de El problema se inició el 31 de octubre de 1912, cuando el gobierno del entonces presidente Guillermo Billinghurst, decidió a través de Aquí comenzó el problema pues si bien, el envío se hizo de manera legal, es decir, a través de una Resolución (la número 31, fechada el 27 de enero de 1916), esta no se ha cumplido hasta la fecha La citada norma estableció, entre otras cosas, que los 74 cajones con contenido arqueológico, podrían salir del Callao, en tanto que el gobierno peruano advertía que esta salida sólo tendría una duración de 18 meses, una vez concluido el plazo, La palabra Inca proviene del puquina Enca que significa principio generador de vida o modelo original de todas las cosas. Desde 600 años A.C. los incas era un pueblo indígena que al pasar de los años construyeron ciudades enteras como el machupijchu pero su mejor logro fue la construcción de carreteras ya que fueron estos los medios que sirvieron para que los mensajeros lleven la información de un lugar a otro permitiéndole gobernar a mas de 10 millones de súbditos alrededor de 100 años hasta la aparición de los extranjeros. (*) Vicepresidente de Experto Comisión Mundial de Áreas Protegidas – WCPA – Red Latinoamericana de Áreas Protegidas - RELAP – | ||||||||||||
viernes, 24 de octubre de 2008
Archivo Nro 22: Machu Picchu descubierta y saqueada dos veces
domingo, 19 de octubre de 2008
Archivo Nro 21: La Farándula Estudiantil 2008
lavozdetandil.com.ar/ampliar_noticia.php?id_noticia=5150
Nota del Blog: Iremos archivando las notas, comentarios y fotos de la Fiesta de los Estudiantes Secundarios de Tandil.
sábado, 11 de octubre de 2008
Archivo Nro 20: ¿Cuál será mañana la política internacional de Estados Unidos?
Por Michel Collon | © Rebelión
Después de Bush todos esperamos un cambio o bien nos tememos los peor. ¿McCain u Obama? ¿En qué cambiarán las elecciones la situación de Iraq, Afganistán, Palestina, África, el Cáucaso, Cuba o Venezuela? ¿Y las relaciones con las grandes potencias, Europa, Japón, Rusia, China?
Pas de deux un libro que genera pasiones Me dejé llevar por René e inicié un viaje a ritmo de merengue por unas historias y unos personajes que Ramón había invitado a almorzar: lejos de estos barrotes. Mis piernas empezaron a ir y venir al compás de aquel tango que tocaba René para: Olga, Fucsia, Sofía o Rita, musas inspiradoras de estos cuentos sin historias o a lo mejor valdría la pena decir que estos cuentos relatan los chismes de muchas historias a la vez, como en las mil y una noches. © Minelys Sánchez mediaIsla No.1082, 19 jul, 2008.- Adquiéralo directamente aquí |
No creemos que la política internacional de Estados Unidos se decida en la Casa Blanca. De hecho, la elite estadounidense está dudando actualmente sobre la estrategia que se va a seguir en los próximos años. En este texto se analizan las dos opciones que se le ofrecen. La crisis económica hace que la pregunta sea aún más candente: ¿cómo hará Estados Unidos para seguir siendo la superpotencia que domina el mundo?
Este texto es un extracto de nuestro libro Los 7 pecados de Hugo Chavez (capítulo 11: Estados Unidos, el oro negro y las guerras de mañana), de próxima aparición. En las páginas anteriores se explican las razones del ascenso y posterior declive de Estados Unidos. Investig'Action considera necesario publicar ya este extracto para arrojar algo de luz sobre los actuales debates acerca de las elecciones en Estados Unidos...
El fracaso de Bush. ¿Qué balance se puede hacer de esta guerra global que la administració
En Afganistán e Iraq Estados Unidos desencadenó sendas guerras que ha sido incapaz de ganar y que no ganará nunca. A Bush le hubiera gustado emprender una tercera contra Irán, pero al estar demasiado debilitado tuvo que renunciar a ello. El objetivo de esta guerra era asegurar a Washington el control del petróleo. En cinco años su precio ha pasado de 25 dólares a más de 100 dólares, lo que ha tenido unas consecuencias muy negativas para la economía estadounidense y mundial.
En América del Sur Estados Unidos ha perdido total o parcialmente el control de casi todas sus colonias: Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil. En el momento de escribir estas líneas sólo le quedan Perú, Chile y Colombia.
También en África la resistencia se ha marcado tantos. El Congo de Kabila se ha negado a ponerse de rodillas. Y cuando Washington buscaba dónde instalar el centro de su nuevo mando militar Africom, todos los países declinaron educadamente.
Igualmente, en el sur de Asia a un grupo de estrategas estadounidenses les preocupaba recientemente el ascenso de las resistencias en todas la región y proponía reforzar la 'capacidad de proyección' de Estados Unidos en el sur de Asia. En su jerga esto quiere decir los medios de organizar el desembarco de militares, bombardeos o apoyo a golpes de Estado. Pero se apresuraron a señalar que debido a la impopularidad de Estados Unidos en esta región sería imposible encontrar un país que pudiera acoger la sede de esta fuerza estadounidense (1).
La política de Bush ha provocado resistencias incluso entre los aliados europeos. Así, en la cumbre de la OTAN en Bucarest del pasado mes de abril George Bush reclamó una nueva expansión para integrar en esta ocasión a Ucrania y Georgia, dos pistolas que apuntan a Rusia. Pero sufrió la negativa firme y pública de Alemania, Francia, España, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, poco deseosos de enemistarse con Moscú, su suministrados de gas. Steve Erlanger y Steven Lee Myers, dos analistas cercanos al Pentágono, vieron en ello «un notable fracaso de la política de Estados Unidos en una alianza normalmente dominada por Washington» (2).
En Rusia, precisamente, el tono está subiendo. Moscú se niega a que se instale en el continente europeo unas armas que Estados Unidos llama escudo antimisiles: «Si una parte del potencial nuclear de Estados Unidos está en Europa (...), tendremos que tener unos objetivos en Europa» (3). Además, en mayo de 2008 Rusia probó un nuevo misil intercontinental de cabezas múltiples «en respuesta a los actos unilaterales e infundados de nuestros socios», declaró Putin. Sin embargo, Washington asegura que el escudo antimisiles no se dirige contra Rusia, sino sólo contra Estados como Irán. Pero Putin replica: «ningún misil iraní tiene tanto alcance, así que es evidente que esta novedad también nos concierne a nosotros, los rusos» (4).
China, como Rusia, tampoco dio marcha atrás ante las múltiples presiones y campañas organizadas por Washington.
La elite estadounidense se divide. Hace diez años Zbigniew Brzezinski, ex-consejero del presidente Carter y el estratega más importante de Estados Unidos, publicó El gran tablero de ajedrez, una especie de libro de instrucciones sobre «Cómo seguir siendo la única potencia que domina el mundo» (5). Con la brutalidad de quien ya no está en el poder, en este libro explicaba que era imperioso que Washington debilitara no sólo a sus rivales, Rusia y China, sino también a Europa y Japón, y que les impidiera aliarse entre sí. Divide y vencerás.
¿Que nota se podría poner hoy en día a George Bush basándonos en los criterios definidos por Brzezinski? ¿Ha conseguido debilitar a las grandes potencias rivales? Notable en relación a Japón, bien (por ahora) en lo que concierne a la Unión Europea, pero suspendido en lo que concierne a Rusia y muy deficiente en lo que concierne a China.
Bush ha provocado globalmente tantas resistencias que el dominio de Estados Unidos se ha debilitado. Los sectores que le habían llevado al poder (armamento, petróleo, automóvil, defensa, farmacéuticas) constatan que las guerras de Bush no han aportado ni grandes beneficios ni nuevas zonas de explotación. De hecho, han costado más que los beneficios aportados. Y la administració
Una vez que el fracaso ha resultado evidente se ha exacerbado las divisiones en el seno de la elite estadounidense, e incluso de la administració
Incluso en el seno de los servicios secretos y del ejército se han desencadenado varias revueltas. En diciembre de 2007, cuando Bush quiso preparar un ataque contra Irán bajo el pretexto clásico de las armas de destrucción masiva, dieciséis servicios de inteligencia estadounidenses sorprendieron a todo el mundo publicando un informe donde constataba que al menos desde 2003 Irán había suspendido su programa nuclear.
«El declive de Estados Unidos es inevitable» (Zbigniew Brzezinski). Brzezinski proponía en su libro una estrategia agresiva y maquiavélica para salvar al Imperio estadounidense. Pero, ¿cree él mismo que funcionará? Por muy sorprendente que parezca, la respuesta es no.
«A largo plazo la política global está condenada a hacerse cada vez menos propicia a la concentración de un poder hegemónico en las manos de un solo Estado. Por lo tanto, Estados Unidos no sólo es la primera superpotencia global, muy probablemente será la última» (p. 267).
La razón se debe a la evolución de la economía: «El poder económico también corre peligro de dispersarse. En los próximos años ningún país será susceptible de alcanzar aproximadamente el 30% del PIB mundial, cifra que Estados Unidos ha mantenido durante la mayor parte del siglo XX, por no hablar de la barrera del 50% que alcanzó en 1945. Según ciertos cálculos, Estados Unidos todavía podría detentar el 20% del PIB mundial a finales de esta década para caer a un 10-15% de aquí a 2020, mientras que las cifras de otras potencias (Europa, China, Japón) aumentarían para igualar de forma aproximada el nivel de Estados Unidos. (...) Una vez que se haya iniciado el declive del liderazgo estadounidense, ningún Estado aislado podrá asegurar la supremacía de la que goza hoy Estados Unidos» (p. 267-8).
«Una vez que se haya iniciado el declive del liderazgo estadounidense»
Pero, ¿quizá Brzezinski es un pesimista aislado? ¿Quizá los neocons que inspiraron a Bush son más 'optimistas'
«El mayor tiempo posible». Por lo tanto, también aquí se cree que no será posible que Estados Unidos sea eternamente el amo del mundo. He aquí una gran paradoja. El mundo entero teme a Estados Unidos. Pero los dirigentes estadounidenses, por su parte, saben que están al mando del Titanic. Y están divididos en dos opciones respecto a cómo salvar al Imperio tanto como sea posible ...
Dos opciones para salvar al Imperio. ¿Cuál será la política estadounidense en los próximos años? La elección de uno u otro presidente es, desde luego, una indicación, pero no es decisiva.
Recordemos que durante la campaña presidencial de 2000 George Bush había prometido ¡una política internacional mucho más humilde y menos intervencionista que la de su predecesor! Mientras que el otro candidato, Al Gore, había propuesto un presupuesto militar más alto que el de Bush. Creemos que las grandes orientaciones de la política internacional no las deciden los presidentes, sino las multinacionales en función de sus necesidades del momento y de su evaluación de la relación de fuerzas mundial.
Y, precisamente, tras el balance de fracaso de los años de Bush que acabamos de describir la elite estadounidense parece bastante dividida respecto al camino que hay que seguir. ¿Cómo salir de esta delicada situación?
La primera opción posible es la opción militarista. En estos últimos años la han encarnado los neocons de Bush con la estrategia de Wolfowitz. La agresión y la intimidación como estrategia general. Multiplicar las guerras, inflar al máximo los gastos en el complejo militar-industrial para obtener el crecimiento y el dominio de las multinacionales estadounidense, y también para intimidar a aliados y rivales.
La otra opción es la defendida por Brzezinski y que a él le gusta llamar 'soft power' (poder blando). Otros hablan de un 'imperialismo inteligente'
Cinco generales de la OTAN preparan un gobierno mundial... La primera opción consiste en militarizar más la vida política y en multiplicar las guerras. Bush al cuadrado.
En enero de 2008 cinco ex-generales de la OTAN presentaron un documento preparatorio de un encuentro en la cumbre de la OTAN en Bucarest (8). Sus propuestas revelan una tendencia absolutamente espantosa. Y lo que da mucho peso a este documento es que hasta hace poco tiempo todos ejercían funciones del más alto nivel. El general John Shalikashviliera era jefe del Estado Mayor estadounidense y comandante en jefe de la OTAN en Europa; el general Klaus Naumann dirigía el ejército alemán y presidía el comité militar de la OTAN en Europa; el general Henk van den Breemen era jefe del Estado Mayor holandés; las misma funciones en Francia las ocupaba el almirante Jacques Lanxade, mientras que Lord Inge dirigía el Estado Mayor y del servicio de Defensa de Gran Bretaña. Ni más ni menos que personajes importantes. Y muy agresivos, como vamos a ver ...
Página 6: « [Los autores] proponen pistas sobre la forma de superar una posible rivalidad con la Unión Europea y permitir a la OTAN acceder a unos instrumentos no militares». Dos observaciones. 1. De hecho, esta rivalidad no sólo es posible sino que es absolutamente real. ¿En qué sentido quieren superarla? 2. ¿Qué significa para la OTAN «acceder a unos instrumentos no militares»? ¿Se trata de obtener una influencia mayor sobre la vida civil de las sociedades occidentales?
Página 7: «A fin de iniciar el proceso proponen establecer un directorio que reúna a Estados Unidos, la UE y la OTAN. Su misión sería coordinar todas las operaciones en la esfera atlántica». Por tanto, un super-gobierno mundial. ¿Con qué objetivos?
Los Cinco nos lo explican en la página 42: «Lo que esperan los aliados occidentales es la defensa proactiva, mantenida a largo plazo, de sus sociedades y de su modo de vida». 'Defender nuestro modo de vida' ya fue un argumento esgrimido por el padre de Bush para desencadenar la primera guerra contra Iraq. En realidad, 'modo de vida' es una manera hipócrita de designar el dominio de las multinacionales sobre la vida económica, dominio cuyo efecto es mantener en la pobreza a la mitad de la humanidad. El objetivo de los cinco es, efectivamente, emplear los medios militares para mantener el abismo entre ricos y pobres. Para quienes tengan dudas, en la página 92 se precisa: «Los objetivos de nuestra estrategia son preservar la paz, nuestros valores, el liberalismo económico y la estabilidad ».
Por consiguiente, preserva la estabilidad de las multinacionales. Y ¿contra qué enemigo? Los autores proporcionan algunos ejemplos de lo que no hay que tolerar en el tercer mundo. Página 52: «Tenemos ejemplos menos importantes de ayuda no deseable: de Venezuela al régimen cubano». El gendarme mundial se arroga el derecho de intervenir por todo el mundo contra cualquier país que plantee actos que desagradan a las multinacionales.
Pero, ¿cuál es entre todos los indeseables el enemigo principal? La respuesta aparece en la página 44: «China puede causar un gran daño a las economías estadounidense y mundial basándose en sus enormes reservas de dólares». Y en la página 52: «China puede utilizar el arma de las finanzas para imponerse en África y si decide hacerlo tiene capacidad de utilizarla a una escala mucho mayor».
He aquí bien definido quiénes son los buenos y los malos. El liberalismo necesita de la OTAN para imponerse al mundo entero. Y, ¿de que medios debería disponer la OTAN para llevar a cabo esta guerra económica?
El derecho internacional y la ONU arrojados por la borda. Estos cinco generales se siente, de hecho, frustrados. Página 76: «Uno de los principales problemas en la concepción estratégica actual de la Alianza Atlántica es que sus acciones siguen siendo más reactivas que preventivas y se limitan a unos medios militares». Página 91: «Ahora bien, una estrategia ambiciosa debe comprender la utilización bien integrada de todas las armas disponibles, ya sean políticas, económicas, militares, culturales, sociales, morales, espirituales o psicológicas».
¡Aquí lo tenemos! La Banda de los Cinco pretende desbordar sus tareas militares y ejercer una influencia sobre el funcionamiento de la sociedad civil. Pero, al menos, ¿respetará este nuevo gobierno mundial el derecho internacional? Es extremadamente dudoso ... Páginas 94-95: «Otro principio que hay que respetar es la legalidad. Toda acción debe ser legítima, autorizada, y debe respetar el derecho internacional. Esto puede representar una desventaja considerable cuando el adversario no tenga respeto alguno por ninguna ley, pero, a fin de cuentas, actuar de otra manera significaría aplicar la ley de la jungla y minar nuestra propia credibilidad. Sin embargo, este principio no impide que se tenga que adoptar el derecho internacional existente a un contexto internacional en constante evolución ... »
En esta cita las primeras frases sirven para dorar la píldora y el verdadero contenido viene al final: 'adaptar' el derecho significa en realidad violarlo, negar los principios proclamados hasta el momento. Después de Abu Ghraib, Guantánamo, la tortura, los asesinatos de jefes de Estado, los vuelos clandestinos y las prisiones secretas de la CIA, ¿se nos propone luchar contra estas violaciones del derecho? No, se propone legalizarlas 'adaptando' el derecho.
Hay que recordar que las dos guerras contra Iraq y la guerra contra Yugoslavia ya habían violado el derecho internacional, la Carta de la ONU e incluso la propia Carta de la OTAN. Pero precisamente es de la legalidad internacional de lo que se quieren desembarazar los Cinco. Páginas 104-105: « La aprobación de Naciones Unidas puede no ser necesaria según el Artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas (legítima defensa) y quizá es posible renunciar a ello según los términos de la Convención sobre el genocidio».
«¡Viva la guerra preventiva!». Incluso la nuclear. Más inquietante es la lectura de la página 96: «Lo que necesitamos es una forma de disuasión por medio del rechazo proactivo, donde el tanteo es una forma de reacción en caso de amenaza inminente y la prevención un intento de recuperar la iniciativa y acabar con el conflicto».
En la jerga militar 'defensa proactiva' designa la guerra preventiva. Este término aparece una y otra vez en el documento de los Cinco. George W. Bush ya había invocado una 'guerra preventiva' contra el terrorismo. Como Hitler en su época. Porque los agresores se refugian con frecuencia tras el pretexto de prevenir un peligro. En realidad, el derecho internacional siempre ha prohibido explícitamente las guerras supuestamente preventivas. Pero los temores no acaban ahí...
Página 94: «El arma nuclear puede parecer a primera vista desproporcionada, pero si se tienen en cuenta los daños que evita, es posible que sea razonable». Aquí resplandece toda la inmoralidad de estos cinco bandidos. La guerra nuclear es una atrocidad y la humanidad no ha dejado de exigir el desmantelamiento de estas armas de destrucción masiva. He aquí que se pretende justificarla con una hipocresía que no puede engañar a nadie: 'evitar daños'. Absolutamente vago y sin duda racista: la vida de los pueblos adversarios no vale nada.
La verdad es que al constatar que los bombardeos clásicos no bastan para romper las resistencias y que las guerras clásicas son caras y peligrosas para los invasores, estos generales criminales proponen el arma nuclear como solución al problema de la hegemonía mundial de las multinacionales.
«Preparar los ánimos» Como vemos, la mercancía que pretende vendernos la Banda de los Cinco está completamente podrida y estropeada. Por ello, previsores como son, cuentan con trabajar a la opinión pública por medio de campañas de propaganda a largo plazo. Página 104: «Estas medidas deben ir acompañadas de esfuerzos proactivos y coordinados de comunicación en los medios de comunicación (...). Esta campaña mediática podría, además, preparar los ánimos para una intervención armada».
¡'Preparar los ánimos'! Desde luego, esto no es una novedad... Haciendo balance de la guerra contra Yugoslavia (en 1999), que fue el mayor logro de la desinformació
Página 129: «Por consiguiente, es necesario que la OTAN desarrolle una estrategia de información que debe cumplir tres objetivos a la vez. Debe persuadir al mundo de que la OTAN es una fuerza del bien. Debe desplegarse antes de que los adversarios empiecen a difundir su información, es decir, que la OTAN deben imponer su dominio en materia de relaciones públicas. Debe ganarse el corazón y el espíritu de los habitantes de los países de la OTAN (acorde con la actitud de la Alianza Atlántica) y también de las poblaciones de los países donde se produzca la intervención armada».
«Imponer su dominio en materia de relaciones públicas». La información se concibe como una guerra que se gana eliminando las fuerzas del adversario. No se trata aquí de acusaciones gratuitas: el ejército estadounidense bombardeó y encarceló a periodistas de al-Jazeera, la OTAN bombardeó la televisión de Belgrado (17 muertos), el Pentágono prepara planes para eliminar informaciones molestas en internet, cuyo carácter democrático molesta considerablemente.
Un plan de dictadura mundial. Al principio de su documento los cinco generales anunciaban «unas pistas para superar una rivalidad con la Unión Europea». ¿Cómo lo van a hacer? De hecho, utilizan el marco de la OTAN para organizar la sumisión de la UE a la voluntad de Washington..
Página 137: «Consideramos que las fuerzas multinacionales son la clave de una modernización rápida y poco onerosa de las fuerzas de la OTAN, pero ponemos de relieve que esta opción sólo es posible si los Estados miembro aceptan sin restricción que sus fuerzas estén a disposición de la OTAN para cualquier operación autorizada por el Consejo de OTAN». Traducción: se obligará a los ejércitos europeos a obedecer las decisiones de la OTAN (actualmente se requiere la unanimidad).
El plan de los Cinco proporciona a Estados Unidos tres ventajas: 1. Integrar a las fuerzas europeas en sus guerras. 2. Trasladar los gastos a los aliados. 3. Repartir también la impopularidad.
El carácter antidemocrático de los Cinco se manifiesta claramente en la página 139: «Elegimos no formular nuestras propuestas para la reforma de la UE de manera tan detallada como para la OTAN por dos razones: en primer lugar, un nuevo tratado, que viene a sustituir a la 'constitución' que había sido condenada, ha sido adoptado actualmente con discreción, para evitar consultar a las poblaciones».
El objetivo de su plan es, efectivamente, hacer imposible toda oposición. Página 144: «Con el fin de eliminar toda fuente de irritación, se podría decidir que sea siempre en el seno de la OTAN donde se trate un punto y que los miembros de la OTAN que también son miembros de la UE se comprometan a no alejarse del voto depositado en la OTAN cuando éste se aborde ese punto en las instancias europeas ». Así pues, una vez que haya decidido la OTAN, un país europeo no tendrá derecho a oponerse.
Como conclusión, este plan de la Banda de los Cinco, preparado por unos individuos que han estado en la cumbre del poder militar mundial, indica una tendencia significativa en esta elite. Su plan de super-gobierno mundial a tres (en realidad dominado por Estados Unidos) arrojaría a la basura todo vestigio de derecho internacional, legitimaría la guerra preventiva y las armas nucleares, organizaría la manipulación sistemática de las opiniones públicas. Es un plan de naturaleza fascista.
He aquí una de las dos opciones en las que la elite estadounidense está pensando actualmente para resolver sus problemas. La otra la encarna fundamentalmente Zbigniew Brzezinski, del que hemos hablado antes ...
¿«El imperialismo inteligente»? Los estrategas militares estadounidenses distinguen tres tipos de guerras que ellos pueden desencadenar: 1. Las guerras de alta intensidad. Se trata de enfrentamientos entre grandes potencias del tipo de las dos guerras mundiales. 2. Las guerras de intensidad media. Comportan también un compromiso militar estadounidense directo, pero contra potencias mucho más débiles, como Iraq o Yugoslavia. 3. Las guerras de baja intensidad. No comportan un compromiso militar directo de Estados Unidos, que logra que otros combatan. Provoca conflictos entre países vecinos o a través de los movimientos paramilitares o terroristas.
El término 'baja intensidad' es engañoso, puede dar la impresión de que los daños son menores, pero, en realidad, sólo son menores para Estados Unidos. Así, la guerra llamada de 'baja intensidad' que Washington desencadenó contra Congo (a través de los ejércitos de los vecinos Ruanda y Uganda, y de diversas milicias) dejó cinco millones de muertos y paralizó el desarrollo de Congo.
A diferencia de Bush, la estrategia Brzezinski privilegia estas guerras de baja intensidad. No es más moral, simplemente quiere ser más inteligente.
Pero Brzezinski propone también recurrir a otras formas de intervención. Muchas veces sólo se piensa en la forma más visible de agresión: la intervención militar de Estados Unidos. En realidad, este país dispone de todo un despliegue de medios. Si queremos establecer una tipología completa en orden de intensidad, hay que contar con las siguientes formas: 1. Corrupción de los dirigentes locales. 2. Chantajes a estos dirigentes locales. 3. Campañas mediáticas de demonización. 4. Desestabilizaciones diversas. 5. Embargos y bloqueos comerciales. 6. Golpes de Estado. 7. Provocación de separatismos. 8. Guerras por intermediació
Por supuesto, todos los gobiernos estadounidenses recorren al conjunto de estos métodos y no sólo a algunos. Lo que difiere es la dosificación y la financiación.
Después de los crímenes cometidos por Bush, uno podría estar tentado de alegrarse de un cambio de métodos. En realidad, si Washington decide cambiar sus tácticas, no se tratará de pacifismo sino sólo de hacer menos visible la brutalidad. Hay que recordar que Brzezinski es el hombre que financió a ben Laden en Afganistán para entrampar a la Unión Soviética en una guerra de larga duración y cara, y romper su alianza con el mundo musulmán. Brzezinski está muy orgulloso de su éxito y no deja pasar ninguna ocasión de recordarlo.
Si Estados Unidos decide aplicar la estrategia de Brzezinski, sin duda habrá menos guerras directas. Y éstas se harán lo más posible de acuerdo con los aliados, lo que también permitirá cuidar mejor la imagen mediática y la manipulación de la opinión pública.
Y, sobre todo, haciendo trabajar más a la CIA, se hará un esfuerzo para sustituir las guerras que Estados Unidos lleva a cabo directamente por guerras 'indirectas'
El método de Brzezinski presenta dos ventajas para Estados Unidos: 1. Le devuelve un aspecto más presentable, para restablecer su autoridad moral. 2. Invertir menos dinero en el complejo militar-industrial permite ayudar más a la economía estadounidense para reforzar su postura competitiva frente a Europa, China, India, etc...
Para ahorrar en las guerras la estrategia de Brzezinski recurre más a los chantajes y también a la acción clandestina. Los chantajes pueden pasar, sobre todo, por el uso de los instrumentos del control económico global como el Banco Mundial, el FMI y la OMC. Instituciones multilaterales pero dominadas por Estados Unidos y que permiten dictar su voluntad al tercer mundo de una manera aparentemente más objetiva. Pero esto no será fácil puesto que el Banco Mundial y el FMI han acumulado tanto odio ahí donde han pasado que los países han buscado alternativas. La idea del Banco del Sur lanzada por Chávez se va abriendo paso ...
La acción clandestina, es decir, la CIA, también se tendría que utilizar más. Permite deshacerse de los gobiernos molestos con inversiones mucho menores.
He aquí por qué los defensores de la estrategia de Brzezinski se definen como partidarios de un 'poder blando' o 'imperialismo inteligente'
De todos modos, este Imperio no se volverá pacífico. Tarde o temprano emprenderá guerras al estilo Bush porque la elite estadounidense practica de hecho un ciclo de alternancia entre las dos opciones...
Los presidentes pasan, las multinacionales permanecen. Estas dos opciones, militarista o 'inteligente'
Tampoco se trata de un voto popular contra un voto burgués. Las multinacionales estadounidenses siempre financian a ambos candidatos, con lo que siempre reparten los huevos entre ambos cestos. Pero por la cantidad de dinero entregada podemos ver sus preferencias. A principios de los años noventa las multinacionales invirtieron en ambos lados, pero privilegiaron a Clinton y a los demócratas al 58 %. A partir de 1996, al contrario, beneficiaron a los republicanos al 67 %. En las presidenciales de 2000 fue a Bush a quien se financió masivamente. Y quien fue declarado electo aunque el escrutinio hubiera designado a su rival Gore. En cambio, en las presidenciales de 2008 las multinacionales vuelven a cambiar de lado y financian más a Obama que a su rival McCain.
De todos modos, el mismo presidente puede cambiar de política. Tras la caída de la URSS y el final de la guerra fría, en un primer momento Bill Clinton bajó los presupuestos militares y los pedidos al complejo militar-industrial con la esperanza de relanzar la máquina económica estadounidense en general. Pero aunque la decisión pasó prácticamente desapercibida, el propio Clinton dio un giro al final de su mandato: «El presupuesto militar estadounidense debe aumentar un 70 %» (10). Lo que confirma lo que dijimos más arriba: las grandes decisiones políticas no dependen del carácter de tal o cual presidente, sino de estrategias que se deciden más arriba. Los presidentes pasan, las multinacionales permanecen.
Pas de deux un libro que genera pasiones Me dejé llevar por René e inicié un viaje a ritmo de merengue por unas historias y unos personajes que Ramón había invitado a almorzar: lejos de estos barrotes. Mis piernas empezaron a ir y venir al compás de aquel tango que tocaba René para: Olga, Fucsia, Sofía o Rita, musas inspiradoras de estos cuentos sin historias o a lo mejor valdría la pena decir que estos cuentos relatan los chismes de muchas historias a la vez, como en las mil y una noches. © Minelys Sánchez mediaIsla No.1082, 19 jul, 2008.- Adquiéralo directamente aquí |
La política estadounidense alterna los métodos. Por consiguiente, hablaremos más bien de una alternancia en la política de Estados Unidos. Tras cada gran revés se constata una vuelta, temporal, al 'soft power'.
Tras la derrota de Vietnam y la reprobación moral de las dictaduras instaladas por Washington en América latina, las multinacionales estadounidenses llevaron a la presidencia al amable pastor Jimmy Carter con su maravilloso discurso sobre los derechos humanos. Tras la guerra fría y la primera guerra contra Iraq el presidente Clinton se esforzó por embarcar a los europeos en sus guerras y cuidó la presentación mediática.
De hecho, la burguesía estadounidense ha dudado constantemente entre ambas opciones para tratar de resolver sus problemas. O, más bien, las ha alternado: un poco más de palo, un poco más de zanahoria. Pero sus opciones son cada vez más difíciles, porque ningún método resuelve verdaderamente los problemas.
Actualmente, tras el desastroso balance de Bush, esta burguesía estadounidense duda entre las dos opciones. O bien la huida hacia adelante, es decir, la guerra generalizada. O bien un repliegue táctico, retroceder para saltar mejor y reorganizar los métodos de acción. La cuestión no es tanto qué presidente elige esta burguesía sino qué estrategia.
De todos modos, no está claro que, al final, la estrategia de Brzezinski sea menos brutal que la de Bush. Es verdad que en 2008 criticó públicamente al presidente diciendo que era estúpido querer atacar a Irán porque no podía ganar y que una guerra perjudicaría a la situación de Israel, al precio del petróleo y, por consiguiente, a la economía estadounidense. Pero algunos analistas piensan que Brzezinski quiere salvar Irán porque espera poder dar la vuelta a este país y hacerle participar un día en el cerco de Rusia. He aquí la potencia que sigue siendo la bestia negra, la obsesión del autor de El Gran tablero. Algunos creen que el objetivo de Brzezinski sigue siendo cercar y debilitar a Rusia, aún a riesgo de tener que vérselas con ella. Sin olvidar a China, que se ha convertido claramente en un objetivo capital. En esta hipótesis, el soft power se transformaría en un apocalypse now.
Sus soluciones empeoran el problema. La división de la burguesía respecto a qué línea tiene que seguir se desprende del hecho de que finalmente Estados Unidos no es tan potente como se cree. Ni en el plano económico ni en el militar. Cada vez que los dirigentes estadounidenses han creído encontrar una solución, al cabo de un tiempo ha resultado que esta solución empeoraba las cosas.
Por ejemplo, en los años ochenta para escapar a la recesión las multinacionales estadounidenses se abalanzaron sobre América latina y otras regiones del tercer mundo y se apoderaron de sus materias primas, de sus empresas, de sus mercados. Pero como esta ofensiva neoliberal empobreció tanto a estos países, acabó provocando catástrofes y, por consiguiente, resistencia cada vez más fuertes, y América latina giró a la izquierda. A partir de 1989 Washington desencadenó una guerra global para asegurarse el control absoluto del petróleo. Pero el petróleo se le escapaba cada vez más. A partir de 2001 Bush desencadenó una guerra contra el supuesto Eje del Mal, pero sólo ha logrado reforzar las resistencias en todas las regiones.
Estados Unidos parece muy fuerte, pero, ¿lo es realmente? Con todos sus dólares, toda su tecnología y todos sus crímenes, ha perdido la guerra de Corea (1950) y la de Vietnam (1961-1975), tuvieron que replegarse de Líbano (1982) y de Somalia (1993), sin el menor género de dudas no habrían ganado en Yugoslavia (1999) si el presidente Milosevic hubiera aceptado los combates terrestres y ya han perdido en Iraq y Afganistán, aunque todavía no lo reconozca. ¿Acaso no es lo que se llama un 'tigre de papel'? ¿Acaso los pueblos que defienden sus riquezas y su futuro no son a largo plazo más fuertes que los dólares y los misiles?
Por mucho que Estados Unidos haya gastado él solo en presupuesto militar más que todas las demás naciones del mundo, esto tampoco ha logrado asegurarle la supremacía mundial. Él mismo es víctima, si se puede decir, de su contradicción fundamental: todo lo que hace se opone a los intereses de la inmensa mayoría de los habitantes de este planeta, por lo tanto, él mismo crea la fuerza que lo abatirá.
Un ejército no puede ser más fuerte que la economía que lo financia. Y la debilidad fundamental que impedirá a los dirigentes estadounidenses alcanzar su objetivo es que la economía estadounidense sierra la rama sobre la que se asienta. Infra-pagando a sus trabajadores, deslocalizando una parte de su producción, arruinando a los países del tercer mundo que deberían ser sus socios no deja de empobrecer a aquellos a quienes se supone que vende sus productos.
Ninguna de las dos opciones, ni la militarista ni la 'inteligente'
Sea cual sea la táctica elegida, Estados Unidos seguirá llevando la guerra a todas partes del mundo para imponer su sistema económico y sus intereses. Es urgente volver a crear un movimiento poderoso por la paz y la soberanía de los pueblos. [Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos]
Fuentes :
(1) John E. Peters, etc, War and escalation in South Asia, www.rand.org/Archivo Nro 19: Pamuk y su biblioteca
La memoria de Pamuk
El premio Nobel turco rememora sus lecturas desde que a los 18 años aún soñaba con ser pintor y arquitecto y compraba compulsivamente libros y más libros en las librerías de viejo de Estambul. Turquía es el país invitado en la Feria del Libro de Francfort.
Por Orhan Pamuk | © Babelia
El núcleo de mi biblioteca lo forma la de mi padre. A los diecisiete o dieciocho años, cuando empecé a pasar la mayor parte de mi tiempo leyendo a solas, atacaba los libros del salón de mi padre tanto como las librerías de Estambul. Fue entonces cuando comencé a, si leía algo que me gustaba, llevármelo de la biblioteca de mi padre a la de mi cuarto y a colocarlo entre mis propios libros. Mi padre, feliz de que su hijo leyera, se alegraba de que añadiese a mi biblioteca algunos de sus libros y cuando veía en mis estantes alguno de sus antiguos volúmenes bromeaba conmigo diciendo: "Vaya, también este libro ha sido elevado a una alta categoría".
En 1970, a los dieciocho años y como todo turco aficionado a los libros, empecé a escribir poesía. Por un lado estudiaba arquitectura y notaba que iba perdiendo el placer que me proporcionaba la pintura, y por otro, a escondidas y fumando hasta altas horas de la noche, escribía poemas. Fue en esa época cuando me leí todos los libros de poesía turca de la biblioteca de mi padre, que en su juventud también quiso ser poeta.
Me gustaban los libros delgaditos y de tapas pálidas de los poetas que pasarían a la historia de la poesía turca con el nombre de Primeros Nuevos (de los años cuarenta y cincuenta) y Segundos Nuevos (de los sesenta y setenta) y al leerlos me gustaba estar escribiendo poesía como ellos. Parte de los Primeros Nuevos, que trajeron a la poesía turca la lengua del ciudadano de a pie y su sentido del humor e ignoraron el discurso formal de la lengua oficial de un mundo represivo y autoritario, por ejemplo, Orhan Veli, Melih Cevdet u Oktay Rifat, eran también conocidos, así como los primeros libros que publicaron, como el grupo de los "Raros". Mi padre a veces sacaba de su biblioteca las primeras ediciones de aquellos poetas y nos leía en voz alta y con un estilo que nos hacía sentir que la literatura era uno de los aspectos más maravillosos de la vida un par de poemas divertidos y bromistas que nos gustaban y nos divertían.
En cuanto a la poesía de los Segundos Nuevos, una continuación de aquella corriente renovadora, me emocionaba el hecho de que de ella surgiera una voz descriptiva y narrativa que alcanzaba una confusión a veces dadaísta o surrealista y a veces ornamental. Al leer a esos poetas, extrañamente en ocasiones tan incomprensibles y difíciles como emocionantes y ahora todos fallecidos (Cemal Süreya, Turgut Uyar, Ilhan Berk), me sentía como esos inocentes que al mirar un cuadro "abstracto" creen que también ellos podrían hacerlo. Como el pintor que al contemplar un buen cuadro, o un cuadro que cree haber entendido cómo se ha hecho, corre a su estudio con el deseo de pintar, me entraban ganas de escribir poesía y me sentaba a la mesa a hacerlo.
Como, exceptuando a estos autores, la poesía turca está muy alejada de la lengua cotidiana y es muy artificial, me interesaba más que como poesía, aparte de algunos poemas y versos excepcionales y sumamente hermosos, como cuestión intelectual. ¿Qué protegería el poeta local de esa tradición que iba desapareciendo bajo el aplastante peso de la occidentalizació
Cuando yo decidí ser escritor el punto de vista dominante, tanto en la poesía como en la novela, no era sólo el que un individuo solitario expresara con palabras su propio ser, su alma y sus singularidades, sino que también se valoraba que el escritor, actuando en equipo con un grupo, una colectividad o con sus compañeros, contribuyera en algo a una utopía, a un sueño (modernismo, socialismo, islamismo, nacionalismo o republicanismo laico). Por esa razón, para los autores nunca fue una cuestión literaria el impulso de aprovecharse de la Historia y la tradición para encontrar la forma literaria que más les sirviera para expresar su voz, sino que, en su lugar, se transformó en parte del sueño de construir la sociedad, la nación, feliz y armoniosa del futuro codo a codo con el Estado. A veces pienso que en el último siglo la literatura modernista y optimista, sea tanto republicanista, ilustrada y laica como socialista igualitaria, ha perdido de vista el espíritu de lo que ocurría en las calles de Estambul y en sus propias casas por tener la mirada demasiado puesta en el futuro. Me da la impresión de que los autores que lamentan la pérdida de la cultura del pasado, como Tanpinar o Abdülhak Sinasi Hisar, y los que aman sin prejuicios la poesía y la vitalidad de las calles de Estambul, como Ahmet Rasim, Sait Faik o Aziz Nesin, explican mejor la vida que vivimos que aquellos que se preocupan apasionadamente por cómo Turquía puede alcanzar un futuro brillante.
Después de que comenzaran los movimientos de occidentalizació
En la biblioteca de mi padre también estaban los primeros libros de Nazim Hikmet, publicados en los años treinta, antes de que ingresara en la cárcel. Me impresionaban tanto como el tono airado y positivo de quien cree en un futuro esperanzador y feliz y las innovaciones formales tomadas de los futuristas rusos, los padecimientos sufridos por el poeta, sus días en la cárcel, la vida en presidio tal y como la describían en sus cartas y memorias narradores realistas como Orhan Kemal y Kemal Tahir, que compartieron cárcel con él. De memorias de intelectuales y periodistas turcos que sufrieron prisión y de novelas y cuentos que transcurren en la cárcel podría formarse una biblioteca entera. En cierta época leí tanta literatura carcelaria que aprendí tanto como un preso cualquiera de la vida cotidiana en los pabellones, de esa jerga presidiaria que tanto me gustaba y de las leyes de matones y chulos. Por aquellos años la literatura me parecía una vida en la que la policía te esperaba continuamente a la puerta, la secreta te seguía por las calles, te pinchaban los teléfonos, no podías conseguir un pasaporte y desde prisión escribías emotivas cartas y poemas a tu amada. Nunca aspiré a esa vida de la que supe por los libros, pero la encontraba romántica. Treinta años más tarde, cuando viví hasta cierto punto preocupaciones parecidas, me consolaba pensando que mi situación era mucho más llevadera que la descrita en los libros de aquellos autores que había leído en mi juventud con un horror comprensible y un extraño romanticismo.
Por desgracia he perdido muy poco del punto de vista ilustrado y utilitario según el cual los libros son algo que nos prepara para la vida. Puede que sea porque la vida del escritor en Turquía siempre lo confirma. Sobre todo porque en Turquía nunca, pero especialmente en aquellos tiempos, han existido grandes bibliotecas donde uno pudiera encontrar con facilidad el libro que quería. Tras la fantasía de la biblioteca borgiana en la que cada libro gana una misteriosa cualidad y, como consecuencia, la propia biblioteca se reviste de una poesía ajustada a la confusión del mundo y de una aureola metafísica de infinitud, están esas grandes bibliotecas que contienen innumerables libros, tantos como para que sea imposible leerlos todos. Borges era director de una biblioteca así en Buenos Aires. Pero en mi juventud no había ni en Estambul ni en toda Turquía ni una sola de esas bibliotecas abierta para el aficionado a los libros. En cuanto a libros en lenguas extranjeras, no los había en ninguna. Si quería aprender de todo, convertirme en alguien ilustrado y profundo y librarme de los límites asfixiantes que guardaban las prohibiciones, el título de literato y las amistades y grupos de la literatura nacional, debía formarme mi propia gran biblioteca.
Entre 1970 y 1990, después de escribir, mi principal ocupación consistió en comprar libros para formarme una biblioteca que contuviera todos los libros importantes y útiles dignos de interés. Mi padre me daba una buena cantidad de dinero para gastos. A partir de los dieciocho años convertí en costumbre el ir una vez por semana al mercado de libros de Beyazit. Me pasaba horas, días, en aquellas tiendas calentadas a duras penas por pequeñas estufas eléctricas, rebosantes de pilas de libros sin clasificar y en las que todo el mundo, desde el dependiente y el dueño hasta el visitante ocasional o el aficionado buscador de libros, tenía aspecto de ser muy pobre. Entraba en una tienda que vendía libros de segunda mano; inspeccionaba uno por uno todos los estantes y todos los libros; escogía uno de historia sobre las relaciones otomano-suecas en el siglo XVIII, o las memorias del director médico del Hospital Psiquiátrico de Bakirköy, o las notas de un periodista testigo de un golpe de Estado frustrado, o una monografía sobre los edificios otomanos en Macedonia, o una antología en turco de las memorias del viaje de un alemán que había venido a Estambul en el siglo XVII, o las reflexiones de un catedrático de la facultad de medicina de Çapa sobre la neurosis maniaco-depresiva y la predisposició
No compraba los libros como un coleccionista, sino como alguien inquieto que quisiera comprender lo antes posible, leyéndolo todo, el sentido del mundo y por qué Turquía era tan pobre y problemática. Con poco más de veinte años era incapaz de dar una respuesta satisfactoria a los amigos que venían a la casa en que vivía con mis padres y me preguntaban para qué compraba aquellos libros que iban llenando a toda velocidad cada uno de los cuartos. El motivo de la casa en los cuentos populares de Gümüshane; la trastienda de la rebelión de Ethem el circasiano contra Atatürk; un listado de asesinatos políticos en la época constitucional; la historia de la cacatúa de Abdülhamit, comprada por el embajador en Londres por encargo del sultán y enviada desde Inglaterra a Turquía; ejemplos de cartas de amor para tímidos; la historia de la introducción de las tejas de Marsella en Turquía; las memorias políticas del médico que fundó el primer hospital para tuberculosos; una Historia del Arte Occidental de ciento cincuenta páginas escrita en los años treinta; los apuntes de clase del comisario que enseñaba a los estudiantes de la escuela de policía las maneras de combatir a los pequeños delincuentes callejeros como carteristas, timadores y descuideros; los seis tomos de memorias de un antiguo presidente de la república, llenos de documentos; la influencia en la pequeña empresa moderna de la ética de los gremios otomanos; la historia, los secretos y la genealogía de los jeques de la cofradía de los cerrahi; las memorias del París de los años treinta de un pintor olvidado por todos; las intrigas de los comerciantes para elevar el precio de las avellanas; las quinientas páginas de duras críticas de un movimiento marxista turco prosoviético a otro movimiento prochino y proalbanés; el cambio de la ciudad de Eregli tras la apertura de las fábricas de hierro y acero; el libro para niños titulado Cien turcos famosos, la historia del incendio de Aksaray; una selección de columnas de entreguerras de un periodista totalmente olvidado hacía treinta años; la historia bimilenaria comprimida en doscientas páginas de una pequeña ciudad de la Anatolia Central que no era capaz de localizar en el mapa de un primer vistazo; la afirmación de un maestro jubilado que pretendía, a pesar de no saber inglés, haber resuelto el misterio de quién era el asesino de Kennedy sólo leyendo la prensa turca; ¿de verdad me interesaba tanto todo aquello como para leérmelo de principio a fin? En años posteriores volvería a encontrarme con esa pregunta: siempre me tomaba en serio interpelaciones del tipo: "Orhan Bey, ¿se ha leído todos los libros de su biblioteca?"
Como puede comprenderse por esa respuesta que daba con tanta seriedad, en mi juventud mi relación con los libros se limitaba al optimista punto de vista del positivista irredento que cree que podrá dominar el mundo gracias a sus conocimientos. Puede que algún día usara aquella información en una novela. En mí había algo de la resolución del personaje autodidacta de La náusea de Jean-Paul Sartre, que se lee todos los libros de la biblioteca de una ciudad de la A a la Z, y de Peter Klein, el personaje de Auto de fe de Elias Canetti que se enorgullece de sus libros como un militar de sus ejércitos y que recibe su fuerza de ellos. La idea de la biblioteca de Borges para mí no era una fantasía metafísica que aludía a la infinitud del mundo, sino la mismísima biblioteca que me estaba formando en mi casa de Estambul libro a libro.
Encargué al instante un libro sobre fundamentos legales de la economía agraria del Imperio Otomano en los siglos XV y XVI. Gracias a él supe, leyendo los impuestos que se aplicaban a las pieles de tigre, que por aquel entonces había tigres en Anatolia. Gracias a los pesados volúmenes de su correspondencia desde el exilio supe que el poeta decimonónico Namik Kemal, combativo, patriota, romántico y educador (¡el Victor Hugo turco!), protagonista imprescindible de los manuales escolares y de los chistes verdes de estudiantes, era un malhablado con la boca podrida. Compraba en cuanto lo veía las divertidas memorias políticas de un ex diputado que había sufrido prisión, el recuento de los casos más curiosos de incendios y accidentes de tráfico que se había encontrado a lo largo de su vida laboral un asegurador, los recuerdos de una diplomática bastante pija que había sido compañera mía de clase. Me daba cuenta de que al ocuparme sólo de los libros me perdía la otra parte de la vida y en venganza de la vida que se me escapaba compraba más libros. Ahora, muchos años después, comprendo que pasé horas muy felices en las frías librerías haciendo amistad con el dependiente que me ofrecía un té y hurgando en el fondo de pilas de libros viejos.
Después de pasarme unos diez años escarbando en las librerías de viejo y en el mercado de libros, a finales de los setenta concluí que por mis manos debían de haber pasado todos los libros escritos en alfabeto latino desde principios de la República. A veces calculaba que desde 1928, año en que toda la nación pasó del alifato árabe al alfabeto latino por deseo de Atatürk, debían de haberse publicado, como mucho, cincuenta mil libros. En 2008 aquella cifra apenas había superado los cien mil. El plan secreto que se escondía tras mi ansia por comprar libros quizá fuera el de reunirlos todos en mi casa... Pero la mayoría los compraba por el impulso del momento. En mi manera de comprar los libros uno a uno había algo que se parecía a construir una casa piedra a piedra.
A principios de los ochenta podía ver a otros como yo no sólo en los libreros de viejo sino también en las principales librerías de la ciudad. Hablo de los que se pasaban cada tarde por la librería a las cinco o las seis de la tarde, le preguntaban al dependiente: "¿Qué hay de nuevo hoy?" y examinaban una a una las novedades que habían llegado ese día. Hoy, en el año 2008, la cifra se ha multiplicado por tres, pero en los ochenta se publicaban en Turquía unos tres mil libros anuales de media. Cerca de la mitad de estos libros, de los que vi una gran mayoría, eran traducciones. Como no se importaban demasiados libros de fuera intentaba enterarme de lo que ocurría en la literatura mundial a través de esas traducciones, en general descuidadas y hechas a toda prisa.
En los setenta las estrellas de las librerías eran los grandes volúmenes históricos que investigaban las raíces del "atraso" de Turquía, de su pobreza y de sus crisis políticas y sociales. Aquellas pretenciosas historias modernas, escritas con un lenguaje airado, al contrario que las antiguas historias otomanas, de las cuales cada día se editaba alguna nueva en alfabeto moderno -me las compraba todas-, no nos acusaban demasiado por los desastres que se nos habían caído encima, sino que atribuían nuestra pobreza, nuestra falta de formación y nuestro "atraso" o a fuerzas extranjeras o, ya entre nosotros, a un puñado de retorcidos villanos y, quizá por eso, se leían y gustaban mucho. También compraba sin dejar que se me escaparan los libros de historia, las memorias o las novelas que demostraban que "detrás" de tantos golpes militares de la historia reciente, de los movimientos políticos, de las derrotas militares de los años del desplome del Imperio Otomano y de los interminables crímenes políticos, había un "misterio", una conspiración maligna, un juego de las potencias internacionales. Historias de la ciudad escritas por maestros jubilados y publicadas por los propios autores o por los ayuntamientos; memorias de idealistas médicos, ingenieros, funcionarios de Hacienda, diplomáticos o políticos; biografías de estrellas cinematográficas; libros sobre las cofradías religiosas y sus jeques; volúmenes que revelaban la cara oculta de los masones y sus nombres; compraba todos aquellos libros que contenían algo de humor, algo de la vida, algo de la realidad o, al menos, algo de Turquía.
De niño leí con mucho agrado libros sobre Atatürk escritos por sus compañeros o por miembros de su círculo más íntimo. Al contrario que aquellos libros escritos por gente que conoció a Atatürk y lo apreciaban de veras, la imagen de Atatürk fue convertida por las generaciones posteriores en la de un superhombre autoritario a causa de las prohibiciones que nos impedían ver sus facetas más humanas y escribir sobre ellas, y la mayor parte de las veces su respetable nombre ha sido mal usado para legitimar la opresión política y las prohibiciones. A causa de las prohibiciones existentes hoy en día en Turquía, es imposible hablar de Atatürk en una novela como de una persona normal o escribir una biografía convincente sin acabar en los tribunales. No obstante, cada año se escriben cientos de libros sobre él. Quizá porque, como ocurre con los libros sobre el islam, las prohibiciones han simplificado una materia difícil y compleja que ahora les resulta muy cómoda a los autores.
A mediados de los setenta, cuando dejé de lado mi sueño de ser pintor y arquitecto, en Turquía se publicaban unas cuarenta o cincuenta novelas al año. Las examinaba todas, me compraba la mayoría por si me servían de algo algún día y las hojeaba, más que por sus valores literarios, por los detalles de la vida en el campo, los paisajes de la vida en provincias y los fragmentos de vida en Estambul y en Turquía entera que contenían. El famoso crítico de los cincuenta Nurullah Ataç, que por un lado defendía en voz alta que debíamos imitar la civilización occidental en todo -especialmente la cultura francesa- y que por otro no podía evitar burlarse de las tonterías que hacían los escritores no demasiado ilustrados que imitaban a los franceses, escribió que en un país como el nuestro a veces era necesario comprar los libros que se publicaban aunque sólo fuera como apoyo al autor y al editor. Y yo seguía su consejo.
Hojeando y leyendo aquellos libros, por un lado sentía el placer de pertenecer a una cultura, a una historia, y por otro me ponía tan contento pensando en los que yo escribiría en el futuro. Pero a veces me dejaba arrastrar lentamente por una cierta tristeza, por un pesimismo peligroso. En un libro me distraían los frecuentes errores de imprenta y el descuido del autor y el editor; en otro lamentaba que un tema que podría haber sido tratado de una forma mucho más inteligente y rica, el autor lo había matado con su prisa, su ira y su ansiedad. En realidad también el tema lo encontraba un tanto tonto y patético... Asimismo me daba pena que tal libro estúpido y sin valor fuera tan apreciado y que nadie apreciara ese otro tan interesante y fascinante..
Todos aquellos sentimientos disparaban una preocupación mucho mayor y más profunda y en mi mente comenzaba a crecer y espesarse lentamente la nube de la destructora duda con la que han luchado a lo largo de sus vidas los intelectuales de los países no occidentales: ¿Qué importancia podía tener que supiera que en los siglos XV y XVI los tigres habían campado por sus respetos en Anatolia? ¿Qué sentido tenía saber la influencia de la literatura india en la poesía de Asaf Halet Çelebi, un poeta que ni siquiera el lector turco conocía bien? Tampoco me parecía tan importante saber que detrás de los saqueos de las casas y las tiendas de las minorías ortodoxa y judía y los asesinatos de sacerdotes de los días 6 y 7 de septiembre de 1955 en Estambul estaban tanto los servicios secretos turcos como los ingleses, que no querían que Chipre fuera completamente griego, ni leer lo que hablaron Atatürk y el Sha de Persia durante un paseo por el Bósforo. Notaba la inutilidad del esfuerzo de todos los que habían escrito monografías, novelas y libros de historia sobre aquellos temas. Como el historiador Faruk, uno de los protagonistas de mi segunda novela, La casa del silencio, que leía documentos centenarios en los archivos otomanos y que recordaba todos los hechos sin olvidar ni uno, pero que era incapaz de relacionarlos, yo también, en mis momentos más pesimistas, empezaba a preocuparme por la "importancia" de los detalles de toda una historia, una cultura y una lengua que había conseguido proteger en mi biblioteca. ¿Qué importancia tenía quién había provocado el gran incendio de Esmirna? Me daba la impresión de que las razones que se ocultaban tras el golpe del 27 de mayo o la fundación del Partido Democrático después de la Segunda Guerra Mundial sólo le interesaban a tres o cuatro tipos como yo. ¿Quizá porque la cultura turca estaba demasiado politizada? ¿O porque generalmente se expresaba a través de la política la vida del país? ¿O bien porque el estar lejos del centro y el sentimiento de provincianismo provocaban que para ti perdiera su valor tu propia biblioteca nacional?
La idea de que los hechos de los libros con los que tan a gusto llenaba los cuartos de mi casa no fueran tan importantes para otras naciones, para el resto del mundo, como me habría gustado, me ponía de mal humor con una cierta sensación de inutilidad. Pero a los veinte años, aunque de vez en cuando me molestara que mi universo se encontrara tan lejos del centro del mundo, esa sensación no me impedía amar mi biblioteca. A los treinta, cuando fui a los EE UU y me encontré con la riqueza de otras bibliotecas y otras culturas, me dio pena ver lo poco que se sabía en el mundo de la cultura turca y de su biblioteca. Al mismo tiempo, ese dolor era para mí una advertencia como novelista que me aconsejaba que diferenciara mejor entre los aspectos transitorios y los fundamentales de mi cultura y mi biblioteca y que observara más "profundamente" la vida y mis libros.
En La lentitud de Milan Kundera hay un personaje checo que en una reunión internacional empieza a hablar cada vez que puede diciendo "en mi país..." y que precisamente por eso resulta gracioso. Con toda la razón, los demás desprecian a dicho personaje porque es incapaz de pensar en nada que no sea su propio país y porque no sabe ver la relación que existe entre su propia humanidad y la Humanidad entera. Pero leyendo la novela yo no me identificaba con los que despreciaban al que decía "en mi país..." sino con ese personaje ridículo. No para ser como él, sino para no serlo. En los años ochenta comprendí que sólo podría -por decirlo en palabras de los personajes de El libro negro- "ser yo mismo" no despreciando la miseria de aquel a quien Naipaul llamaba "el hombre imitación" a causa de todo lo que hace por librarse del provincianismo y la opresión, sino identificándome con él y comprendiéndolo.
Como los turcos nunca hemos sido a lo largo de nuestra historia una colonia occidental, imitar a Occidente, como quería Atatürk, nunca ha sido algo humillante y agobiante, como sugieren Kundera, Naipaul o Edward Said, sino una parte importante de la identidad turca moderna. Lo que le demuestra al lector turco la simpática ridiculez de Efruz Bey, el más querido -o más odiado- de los personajes literarios turcos creados para criticar la pijería y el esnobismo del ansia por occidentalizarse, no es la riqueza imprescindible de la biblioteca turca, sino sólo que el cuentista nacionalista y polemista Ömer Seyfettin (1884-1920), que a veces llegaba a creer en el racismo de la sangre, veía el occidentalismo como un movimiento de una clase alta despegada del pueblo.
En estos asuntos me siento próximo a Dostoievski, que se enfurecía con los intelectuales rusos porque conocían mejor Europa que Rusia. Pero tampoco puedo darle toda la razón en esa furia que le llevó a odiar a Turguenev. Porque sé por mí mismo que detrás de que Dostoievski se dedicara con tanto entusiasmo a la defensa de la cultura rusa y del misticismo ortodoxo -¿lo llamamos la biblioteca rusa?- subyace una reacción sentimental a que los intelectuales rusos desconocieran toda aquella cultura, y no sólo los occidentales.
A lo largo de los treinta y cinco años que llevo escribiendo novelas he aprendido a no tirar en un rincón por ridículos ninguno de los libros de mi biblioteca turca, ni siquiera los más tontos, provincianos, fuera de lugar y de época, pasados de moda, absurdos, erróneos o raros. Pero el secreto de que me gusten no consiste en que los lea como a sus autores les habría gustado, sino en leer esos libros extraños, inconexos y en ocasiones extraordinariamente bellos, poniéndome en el lugar de sus autores. La vía para huir del provincianismo no está en huir del campo, sino en identificarse hasta el final con ese sentimiento. Así fue como aprendí a sumergirme en profundidad en mi biblioteca, cada vez más grande, y, al mismo tiempo, a mantener las distancias con ella. Fue así como comprendí a partir de los cuarenta años que la razón más poderosa para que me gustara mi biblioteca radicaba en que ni los occidentales ni los turcos la conocían.
Ahora me dicen: "Ha ganado usted el Nobel, este año es el año de Turquía en la Feria del Libro de Francfort, ¿podría presentarnos su biblioteca de libros turcos?". Estoy dispuesto a hacerlo, a conseguir que guste la biblioteca turca, pero me da miedo perderle el cariño que le tengo al hacerlo.domingo, 14 de septiembre de 2008
Archivo Nro 18: En el día del Maestro (11 de Septiembre)
MODELO DE CONTRATO QUE FIRMABAN LAS MAESTRAS CON EL
CONSEJO NACIONAL DE EDUCACION
en el año 1923 en nuestro país.
CONSEJO NACIONAL DE EDUCACION CONTRATO DE MAESTRAS
AÑO 1923
'Este es un acuerdo entre la señorita..........maestra, y el Consejo de Educación y de la Escuela por el cual la señorita .................................acuerda impartir clases por un período de ocho meses a partir del......................de 1923.
La señorita acuerda:
1* - No casarse. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa.
2* - No andar en compañía de hombres.
3* - Estar en su casa entre las ocho de la tarde y las seis de la mañana, a menos que sea para atender una función escolar.
4* - No pasearse por las heladerías del centro de la ciudad.
5* - No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin el permiso del presidente del Consejo de Delegados.
6* - No fumar cigarrillos. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra fumando.
7* - No beber cerveza, vino, ni whisky. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra bebiendo.
8* - No viajar en ningún coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre.
9* - No vestir ropas de colores brillantes.
10* - No teñirse el pelo.
11* - Usar al menos dos enaguas
12* - No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos.
13* - Mantener limpia el aula.:
a) Barrer el suelo del aula al menos una vez al dia.
b) Fregar el suelo del aula al menos una vez por semana con agua caliente y jabón.
c) Encender el fuego a las siete, de modo que la habitación esté caliente a las ocho cuando lleguen los niños.
d) Limpiar la pizarra una vez al día.
l4* - No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios.
Fuente: 'La Revista del Consejo Nacional de la Mujer' Año 4, Nro. 12. marzo 1999. Buenos Aires.