sábado, 11 de octubre de 2008

Archivo Nro 19: Pamuk y su biblioteca

La memoria de Pamuk

El premio Nobel turco rememora sus lecturas desde que a los 18 años aún soñaba con ser pintor y arquitecto y compraba compulsivamente libros y más libros en las librerías de viejo de Estambul. Turquía es el país invitado en la Feria del Libro de Francfort.

Por Orhan Pamuk | © Babelia

El núcleo de mi biblioteca lo forma la de mi padre. A los diecisiete o dieciocho años, cuando empecé a pasar la mayor parte de mi tiempo leyendo a solas, atacaba los libros del salón de mi padre tanto como las librerías de Estambul. Fue entonces cuando comencé a, si leía algo que me gustaba, llevármelo de la biblioteca de mi padre a la de mi cuarto y a colocarlo entre mis propios libros. Mi padre, feliz de que su hijo leyera, se alegraba de que añadiese a mi biblioteca algunos de sus libros y cuando veía en mis estantes alguno de sus antiguos volúmenes bromeaba conmigo diciendo: "Vaya, también este libro ha sido elevado a una alta categoría".

En 1970, a los dieciocho años y como todo turco aficionado a los libros, empecé a escribir poesía. Por un lado estudiaba arquitectura y notaba que iba perdiendo el placer que me proporcionaba la pintura, y por otro, a escondidas y fumando hasta altas horas de la noche, escribía poemas. Fue en esa época cuando me leí todos los libros de poesía turca de la biblioteca de mi padre, que en su juventud también quiso ser poeta.

Me gustaban los libros delgaditos y de tapas pálidas de los poetas que pasarían a la historia de la poesía turca con el nombre de Primeros Nuevos (de los años cuarenta y cincuenta) y Segundos Nuevos (de los sesenta y setenta) y al leerlos me gustaba estar escribiendo poesía como ellos. Parte de los Primeros Nuevos, que trajeron a la poesía turca la lengua del ciudadano de a pie y su sentido del humor e ignoraron el discurso formal de la lengua oficial de un mundo represivo y autoritario, por ejemplo, Orhan Veli, Melih Cevdet u Oktay Rifat, eran también conocidos, así como los primeros libros que publicaron, como el grupo de los "Raros". Mi padre a veces sacaba de su biblioteca las primeras ediciones de aquellos poetas y nos leía en voz alta y con un estilo que nos hacía sentir que la literatura era uno de los aspectos más maravillosos de la vida un par de poemas divertidos y bromistas que nos gustaban y nos divertían.

En cuanto a la poesía de los Segundos Nuevos, una continuación de aquella corriente renovadora, me emocionaba el hecho de que de ella surgiera una voz descriptiva y narrativa que alcanzaba una confusión a veces dadaísta o surrealista y a veces ornamental. Al leer a esos poetas, extrañamente en ocasiones tan incomprensibles y difíciles como emocionantes y ahora todos fallecidos (Cemal Süreya, Turgut Uyar, Ilhan Berk), me sentía como esos inocentes que al mirar un cuadro "abstracto" creen que también ellos podrían hacerlo. Como el pintor que al contemplar un buen cuadro, o un cuadro que cree haber entendido cómo se ha hecho, corre a su estudio con el deseo de pintar, me entraban ganas de escribir poesía y me sentaba a la mesa a hacerlo.

Como, exceptuando a estos autores, la poesía turca está muy alejada de la lengua cotidiana y es muy artificial, me interesaba más que como poesía, aparte de algunos poemas y versos excepcionales y sumamente hermosos, como cuestión intelectual. ¿Qué protegería el poeta local de esa tradición que iba desapareciendo bajo el aplastante peso de la occidentalización, la modernidad y Europa, y cómo lo haría? ¿Cómo se podían adaptar a los juegos literarios y a una poesía moderna las bellezas de la poesía del Diván, que las elites otomanas habían creado bajo la influencia persa y que las nuevas generaciones sólo podían entender gracias a diccionarios y guías? Estas preguntas, expresadas de una forma muy general con la locución "aprovecharse de la tradición", durante mucho tiempo ocuparon la mente tanto de los autores de mi generación como la de los de la previa. Los problemas literarios y filosóficos podían discutirse con más facilidad a través de la poesía gracias a la fuerza de la poesía otomana, fuera de la influencia occidental, y a su tradición centenaria. El hecho de que no existiera una tradición prosística y novelística daba lugar a que nosotros, los narradores, preocupados por el localismo literario y formal, volviéramos los ojos a la poesía. A principios de los setenta, cuando decidí ser novelista después de que mi entusiasmo por la poesía se inflamara y se extinguiera sin que pasara mucho, en Turquía se consideraba a la poesía como la verdadera literatura y a la novela como algo más bajo y popular. No sería incorrecto afirmar que en los últimos treinta y cinco años la novela se ha convertido en algo más importante mientras que la poesía ha perdido su importancia. Durante este tiempo tanto los lectores de literatura como la industria del libro han crecido y se han enriquecido a una velocidad sorprendente.

Cuando yo decidí ser escritor el punto de vista dominante, tanto en la poesía como en la novela, no era sólo el que un individuo solitario expresara con palabras su propio ser, su alma y sus singularidades, sino que también se valoraba que el escritor, actuando en equipo con un grupo, una colectividad o con sus compañeros, contribuyera en algo a una utopía, a un sueño (modernismo, socialismo, islamismo, nacionalismo o republicanismo laico). Por esa razón, para los autores nunca fue una cuestión literaria el impulso de aprovecharse de la Historia y la tradición para encontrar la forma literaria que más les sirviera para expresar su voz, sino que, en su lugar, se transformó en parte del sueño de construir la sociedad, la nación, feliz y armoniosa del futuro codo a codo con el Estado. A veces pienso que en el último siglo la literatura modernista y optimista, sea tanto republicanista, ilustrada y laica como socialista igualitaria, ha perdido de vista el espíritu de lo que ocurría en las calles de Estambul y en sus propias casas por tener la mirada demasiado puesta en el futuro. Me da la impresión de que los autores que lamentan la pérdida de la cultura del pasado, como Tanpinar o Abdülhak Sinasi Hisar, y los que aman sin prejuicios la poesía y la vitalidad de las calles de Estambul, como Ahmet Rasim, Sait Faik o Aziz Nesin, explican mejor la vida que vivimos que aquellos que se preocupan apasionadamente por cómo Turquía puede alcanzar un futuro brillante.

Después de que comenzaran los movimientos de occidentalización y modernización, el problema fundamental de todas las literaturas no occidentales, no sólo la turca, ha sido la dificultad de abarcar al mismo tiempo los sueños de futuro con los colores del presente, el sueño de un país y un ser humano modernos con el placer de vivir en el mundo tradicional existente. El que los escritores que imaginan un futuro radical muchas veces hayan intervenido en disputas políticas y luchas por el poder y hayan dado con sus huesos en la cárcel ha endurecido y hecho más amargas sus voces y sus observaciones.

En la biblioteca de mi padre también estaban los primeros libros de Nazim Hikmet, publicados en los años treinta, antes de que ingresara en la cárcel. Me impresionaban tanto como el tono airado y positivo de quien cree en un futuro esperanzador y feliz y las innovaciones formales tomadas de los futuristas rusos, los padecimientos sufridos por el poeta, sus días en la cárcel, la vida en presidio tal y como la describían en sus cartas y memorias narradores realistas como Orhan Kemal y Kemal Tahir, que compartieron cárcel con él. De memorias de intelectuales y periodistas turcos que sufrieron prisión y de novelas y cuentos que transcurren en la cárcel podría formarse una biblioteca entera. En cierta época leí tanta literatura carcelaria que aprendí tanto como un preso cualquiera de la vida cotidiana en los pabellones, de esa jerga presidiaria que tanto me gustaba y de las leyes de matones y chulos. Por aquellos años la literatura me parecía una vida en la que la policía te esperaba continuamente a la puerta, la secreta te seguía por las calles, te pinchaban los teléfonos, no podías conseguir un pasaporte y desde prisión escribías emotivas cartas y poemas a tu amada. Nunca aspiré a esa vida de la que supe por los libros, pero la encontraba romántica. Treinta años más tarde, cuando viví hasta cierto punto preocupaciones parecidas, me consolaba pensando que mi situación era mucho más llevadera que la descrita en los libros de aquellos autores que había leído en mi juventud con un horror comprensible y un extraño romanticismo.

Por desgracia he perdido muy poco del punto de vista ilustrado y utilitario según el cual los libros son algo que nos prepara para la vida. Puede que sea porque la vida del escritor en Turquía siempre lo confirma. Sobre todo porque en Turquía nunca, pero especialmente en aquellos tiempos, han existido grandes bibliotecas donde uno pudiera encontrar con facilidad el libro que quería. Tras la fantasía de la biblioteca borgiana en la que cada libro gana una misteriosa cualidad y, como consecuencia, la propia biblioteca se reviste de una poesía ajustada a la confusión del mundo y de una aureola metafísica de infinitud, están esas grandes bibliotecas que contienen innumerables libros, tantos como para que sea imposible leerlos todos. Borges era director de una biblioteca así en Buenos Aires. Pero en mi juventud no había ni en Estambul ni en toda Turquía ni una sola de esas bibliotecas abierta para el aficionado a los libros. En cuanto a libros en lenguas extranjeras, no los había en ninguna. Si quería aprender de todo, convertirme en alguien ilustrado y profundo y librarme de los límites asfixiantes que guardaban las prohibiciones, el título de literato y las amistades y grupos de la literatura nacional, debía formarme mi propia gran biblioteca.

Entre 1970 y 1990, después de escribir, mi principal ocupación consistió en comprar libros para formarme una biblioteca que contuviera todos los libros importantes y útiles dignos de interés. Mi padre me daba una buena cantidad de dinero para gastos. A partir de los dieciocho años convertí en costumbre el ir una vez por semana al mercado de libros de Beyazit. Me pasaba horas, días, en aquellas tiendas calentadas a duras penas por pequeñas estufas eléctricas, rebosantes de pilas de libros sin clasificar y en las que todo el mundo, desde el dependiente y el dueño hasta el visitante ocasional o el aficionado buscador de libros, tenía aspecto de ser muy pobre. Entraba en una tienda que vendía libros de segunda mano; inspeccionaba uno por uno todos los estantes y todos los libros; escogía uno de historia sobre las relaciones otomano-suecas en el siglo XVIII, o las memorias del director médico del Hospital Psiquiátrico de Bakirköy, o las notas de un periodista testigo de un golpe de Estado frustrado, o una monografía sobre los edificios otomanos en Macedonia, o una antología en turco de las memorias del viaje de un alemán que había venido a Estambul en el siglo XVII, o las reflexiones de un catedrático de la facultad de medicina de Çapa sobre la neurosis maniaco-depresiva y la predisposición a la esquizofrenia, o el diván de un olvidado poeta otomano comentado y traducido al turco de nuestros días, o un libro de propaganda ilustrado con fotografías en blanco y negro sobre las carreteras, edificios y parques construidos por la diputación de Estambul en los años cuarenta; regateaba con el dependiente y me lo compraba. Al principio reunía todos los clásicos de las literaturas universal y turca -aunque para la literatura turca sería más apropiado decir "libros importantes"-. Los otros, pensaba que ya los leería algún día, como los clásicos. Pero incluso mi madre, preocupada por lo mucho que leía, se daba cuenta de que compraba más libros de los que podía leer. "Por lo menos no compres más sin haberte acabado los que has comprado ahora", decía bastante harta.

No compraba los libros como un coleccionista, sino como alguien inquieto que quisiera comprender lo antes posible, leyéndolo todo, el sentido del mundo y por qué Turquía era tan pobre y problemática. Con poco más de veinte años era incapaz de dar una respuesta satisfactoria a los amigos que venían a la casa en que vivía con mis padres y me preguntaban para qué compraba aquellos libros que iban llenando a toda velocidad cada uno de los cuartos. El motivo de la casa en los cuentos populares de Gümüshane; la trastienda de la rebelión de Ethem el circasiano contra Atatürk; un listado de asesinatos políticos en la época constitucional; la historia de la cacatúa de Abdülhamit, comprada por el embajador en Londres por encargo del sultán y enviada desde Inglaterra a Turquía; ejemplos de cartas de amor para tímidos; la historia de la introducción de las tejas de Marsella en Turquía; las memorias políticas del médico que fundó el primer hospital para tuberculosos; una Historia del Arte Occidental de ciento cincuenta páginas escrita en los años treinta; los apuntes de clase del comisario que enseñaba a los estudiantes de la escuela de policía las maneras de combatir a los pequeños delincuentes callejeros como carteristas, timadores y descuideros; los seis tomos de memorias de un antiguo presidente de la república, llenos de documentos; la influencia en la pequeña empresa moderna de la ética de los gremios otomanos; la historia, los secretos y la genealogía de los jeques de la cofradía de los cerrahi; las memorias del París de los años treinta de un pintor olvidado por todos; las intrigas de los comerciantes para elevar el precio de las avellanas; las quinientas páginas de duras críticas de un movimiento marxista turco prosoviético a otro movimiento prochino y proalbanés; el cambio de la ciudad de Eregli tras la apertura de las fábricas de hierro y acero; el libro para niños titulado Cien turcos famosos, la historia del incendio de Aksaray; una selección de columnas de entreguerras de un periodista totalmente olvidado hacía treinta años; la historia bimilenaria comprimida en doscientas páginas de una pequeña ciudad de la Anatolia Central que no era capaz de localizar en el mapa de un primer vistazo; la afirmación de un maestro jubilado que pretendía, a pesar de no saber inglés, haber resuelto el misterio de quién era el asesino de Kennedy sólo leyendo la prensa turca; ¿de verdad me interesaba tanto todo aquello como para leérmelo de principio a fin? En años posteriores volvería a encontrarme con esa pregunta: siempre me tomaba en serio interpelaciones del tipo: "Orhan Bey, ¿se ha leído todos los libros de su biblioteca?". "Sí", contestaba. "Y, si no me los he leído todos, puede que algún día me sirvan de algo".

Como puede comprenderse por esa respuesta que daba con tanta seriedad, en mi juventud mi relación con los libros se limitaba al optimista punto de vista del positivista irredento que cree que podrá dominar el mundo gracias a sus conocimientos. Puede que algún día usara aquella información en una novela. En mí había algo de la resolución del personaje autodidacta de La náusea de Jean-Paul Sartre, que se lee todos los libros de la biblioteca de una ciudad de la A a la Z, y de Peter Klein, el personaje de Auto de fe de Elias Canetti que se enorgullece de sus libros como un militar de sus ejércitos y que recibe su fuerza de ellos. La idea de la biblioteca de Borges para mí no era una fantasía metafísica que aludía a la infinitud del mundo, sino la mismísima biblioteca que me estaba formando en mi casa de Estambul libro a libro.

Encargué al instante un libro sobre fundamentos legales de la economía agraria del Imperio Otomano en los siglos XV y XVI. Gracias a él supe, leyendo los impuestos que se aplicaban a las pieles de tigre, que por aquel entonces había tigres en Anatolia. Gracias a los pesados volúmenes de su correspondencia desde el exilio supe que el poeta decimonónico Namik Kemal, combativo, patriota, romántico y educador (¡el Victor Hugo turco!), protagonista imprescindible de los manuales escolares y de los chistes verdes de estudiantes, era un malhablado con la boca podrida. Compraba en cuanto lo veía las divertidas memorias políticas de un ex diputado que había sufrido prisión, el recuento de los casos más curiosos de incendios y accidentes de tráfico que se había encontrado a lo largo de su vida laboral un asegurador, los recuerdos de una diplomática bastante pija que había sido compañera mía de clase. Me daba cuenta de que al ocuparme sólo de los libros me perdía la otra parte de la vida y en venganza de la vida que se me escapaba compraba más libros. Ahora, muchos años después, comprendo que pasé horas muy felices en las frías librerías haciendo amistad con el dependiente que me ofrecía un té y hurgando en el fondo de pilas de libros viejos.

Después de pasarme unos diez años escarbando en las librerías de viejo y en el mercado de libros, a finales de los setenta concluí que por mis manos debían de haber pasado todos los libros escritos en alfabeto latino desde principios de la República. A veces calculaba que desde 1928, año en que toda la nación pasó del alifato árabe al alfabeto latino por deseo de Atatürk, debían de haberse publicado, como mucho, cincuenta mil libros. En 2008 aquella cifra apenas había superado los cien mil. El plan secreto que se escondía tras mi ansia por comprar libros quizá fuera el de reunirlos todos en mi casa... Pero la mayoría los compraba por el impulso del momento. En mi manera de comprar los libros uno a uno había algo que se parecía a construir una casa piedra a piedra.

A principios de los ochenta podía ver a otros como yo no sólo en los libreros de viejo sino también en las principales librerías de la ciudad. Hablo de los que se pasaban cada tarde por la librería a las cinco o las seis de la tarde, le preguntaban al dependiente: "¿Qué hay de nuevo hoy?" y examinaban una a una las novedades que habían llegado ese día. Hoy, en el año 2008, la cifra se ha multiplicado por tres, pero en los ochenta se publicaban en Turquía unos tres mil libros anuales de media. Cerca de la mitad de estos libros, de los que vi una gran mayoría, eran traducciones. Como no se importaban demasiados libros de fuera intentaba enterarme de lo que ocurría en la literatura mundial a través de esas traducciones, en general descuidadas y hechas a toda prisa.

En los setenta las estrellas de las librerías eran los grandes volúmenes históricos que investigaban las raíces del "atraso" de Turquía, de su pobreza y de sus crisis políticas y sociales. Aquellas pretenciosas historias modernas, escritas con un lenguaje airado, al contrario que las antiguas historias otomanas, de las cuales cada día se editaba alguna nueva en alfabeto moderno -me las compraba todas-, no nos acusaban demasiado por los desastres que se nos habían caído encima, sino que atribuían nuestra pobreza, nuestra falta de formación y nuestro "atraso" o a fuerzas extranjeras o, ya entre nosotros, a un puñado de retorcidos villanos y, quizá por eso, se leían y gustaban mucho. También compraba sin dejar que se me escaparan los libros de historia, las memorias o las novelas que demostraban que "detrás" de tantos golpes militares de la historia reciente, de los movimientos políticos, de las derrotas militares de los años del desplome del Imperio Otomano y de los interminables crímenes políticos, había un "misterio", una conspiración maligna, un juego de las potencias internacionales. Historias de la ciudad escritas por maestros jubilados y publicadas por los propios autores o por los ayuntamientos; memorias de idealistas médicos, ingenieros, funcionarios de Hacienda, diplomáticos o políticos; biografías de estrellas cinematográficas; libros sobre las cofradías religiosas y sus jeques; volúmenes que revelaban la cara oculta de los masones y sus nombres; compraba todos aquellos libros que contenían algo de humor, algo de la vida, algo de la realidad o, al menos, algo de Turquía.

De niño leí con mucho agrado libros sobre Atatürk escritos por sus compañeros o por miembros de su círculo más íntimo. Al contrario que aquellos libros escritos por gente que conoció a Atatürk y lo apreciaban de veras, la imagen de Atatürk fue convertida por las generaciones posteriores en la de un superhombre autoritario a causa de las prohibiciones que nos impedían ver sus facetas más humanas y escribir sobre ellas, y la mayor parte de las veces su respetable nombre ha sido mal usado para legitimar la opresión política y las prohibiciones. A causa de las prohibiciones existentes hoy en día en Turquía, es imposible hablar de Atatürk en una novela como de una persona normal o escribir una biografía convincente sin acabar en los tribunales. No obstante, cada año se escriben cientos de libros sobre él. Quizá porque, como ocurre con los libros sobre el islam, las prohibiciones han simplificado una materia difícil y compleja que ahora les resulta muy cómoda a los autores.

A mediados de los setenta, cuando dejé de lado mi sueño de ser pintor y arquitecto, en Turquía se publicaban unas cuarenta o cincuenta novelas al año. Las examinaba todas, me compraba la mayoría por si me servían de algo algún día y las hojeaba, más que por sus valores literarios, por los detalles de la vida en el campo, los paisajes de la vida en provincias y los fragmentos de vida en Estambul y en Turquía entera que contenían. El famoso crítico de los cincuenta Nurullah Ataç, que por un lado defendía en voz alta que debíamos imitar la civilización occidental en todo -especialmente la cultura francesa- y que por otro no podía evitar burlarse de las tonterías que hacían los escritores no demasiado ilustrados que imitaban a los franceses, escribió que en un país como el nuestro a veces era necesario comprar los libros que se publicaban aunque sólo fuera como apoyo al autor y al editor. Y yo seguía su consejo.

Hojeando y leyendo aquellos libros, por un lado sentía el placer de pertenecer a una cultura, a una historia, y por otro me ponía tan contento pensando en los que yo escribiría en el futuro. Pero a veces me dejaba arrastrar lentamente por una cierta tristeza, por un pesimismo peligroso. En un libro me distraían los frecuentes errores de imprenta y el descuido del autor y el editor; en otro lamentaba que un tema que podría haber sido tratado de una forma mucho más inteligente y rica, el autor lo había matado con su prisa, su ira y su ansiedad. En realidad también el tema lo encontraba un tanto tonto y patético... Asimismo me daba pena que tal libro estúpido y sin valor fuera tan apreciado y que nadie apreciara ese otro tan interesante y fascinante...

Todos aquellos sentimientos disparaban una preocupación mucho mayor y más profunda y en mi mente comenzaba a crecer y espesarse lentamente la nube de la destructora duda con la que han luchado a lo largo de sus vidas los intelectuales de los países no occidentales: ¿Qué importancia podía tener que supiera que en los siglos XV y XVI los tigres habían campado por sus respetos en Anatolia? ¿Qué sentido tenía saber la influencia de la literatura india en la poesía de Asaf Halet Çelebi, un poeta que ni siquiera el lector turco conocía bien? Tampoco me parecía tan importante saber que detrás de los saqueos de las casas y las tiendas de las minorías ortodoxa y judía y los asesinatos de sacerdotes de los días 6 y 7 de septiembre de 1955 en Estambul estaban tanto los servicios secretos turcos como los ingleses, que no querían que Chipre fuera completamente griego, ni leer lo que hablaron Atatürk y el Sha de Persia durante un paseo por el Bósforo. Notaba la inutilidad del esfuerzo de todos los que habían escrito monografías, novelas y libros de historia sobre aquellos temas. Como el historiador Faruk, uno de los protagonistas de mi segunda novela, La casa del silencio, que leía documentos centenarios en los archivos otomanos y que recordaba todos los hechos sin olvidar ni uno, pero que era incapaz de relacionarlos, yo también, en mis momentos más pesimistas, empezaba a preocuparme por la "importancia" de los detalles de toda una historia, una cultura y una lengua que había conseguido proteger en mi biblioteca. ¿Qué importancia tenía quién había provocado el gran incendio de Esmirna? Me daba la impresión de que las razones que se ocultaban tras el golpe del 27 de mayo o la fundación del Partido Democrático después de la Segunda Guerra Mundial sólo le interesaban a tres o cuatro tipos como yo. ¿Quizá porque la cultura turca estaba demasiado politizada? ¿O porque generalmente se expresaba a través de la política la vida del país? ¿O bien porque el estar lejos del centro y el sentimiento de provincianismo provocaban que para ti perdiera su valor tu propia biblioteca nacional?

La idea de que los hechos de los libros con los que tan a gusto llenaba los cuartos de mi casa no fueran tan importantes para otras naciones, para el resto del mundo, como me habría gustado, me ponía de mal humor con una cierta sensación de inutilidad. Pero a los veinte años, aunque de vez en cuando me molestara que mi universo se encontrara tan lejos del centro del mundo, esa sensación no me impedía amar mi biblioteca. A los treinta, cuando fui a los EE UU y me encontré con la riqueza de otras bibliotecas y otras culturas, me dio pena ver lo poco que se sabía en el mundo de la cultura turca y de su biblioteca. Al mismo tiempo, ese dolor era para mí una advertencia como novelista que me aconsejaba que diferenciara mejor entre los aspectos transitorios y los fundamentales de mi cultura y mi biblioteca y que observara más "profundamente" la vida y mis libros.

En La lentitud de Milan Kundera hay un personaje checo que en una reunión internacional empieza a hablar cada vez que puede diciendo "en mi país..." y que precisamente por eso resulta gracioso. Con toda la razón, los demás desprecian a dicho personaje porque es incapaz de pensar en nada que no sea su propio país y porque no sabe ver la relación que existe entre su propia humanidad y la Humanidad entera. Pero leyendo la novela yo no me identificaba con los que despreciaban al que decía "en mi país..." sino con ese personaje ridículo. No para ser como él, sino para no serlo. En los años ochenta comprendí que sólo podría -por decirlo en palabras de los personajes de El libro negro- "ser yo mismo" no despreciando la miseria de aquel a quien Naipaul llamaba "el hombre imitación" a causa de todo lo que hace por librarse del provincianismo y la opresión, sino identificándome con él y comprendiéndolo.

Como los turcos nunca hemos sido a lo largo de nuestra historia una colonia occidental, imitar a Occidente, como quería Atatürk, nunca ha sido algo humillante y agobiante, como sugieren Kundera, Naipaul o Edward Said, sino una parte importante de la identidad turca moderna. Lo que le demuestra al lector turco la simpática ridiculez de Efruz Bey, el más querido -o más odiado- de los personajes literarios turcos creados para criticar la pijería y el esnobismo del ansia por occidentalizarse, no es la riqueza imprescindible de la biblioteca turca, sino sólo que el cuentista nacionalista y polemista Ömer Seyfettin (1884-1920), que a veces llegaba a creer en el racismo de la sangre, veía el occidentalismo como un movimiento de una clase alta despegada del pueblo.

En estos asuntos me siento próximo a Dostoievski, que se enfurecía con los intelectuales rusos porque conocían mejor Europa que Rusia. Pero tampoco puedo darle toda la razón en esa furia que le llevó a odiar a Turguenev. Porque sé por mí mismo que detrás de que Dostoievski se dedicara con tanto entusiasmo a la defensa de la cultura rusa y del misticismo ortodoxo -¿lo llamamos la biblioteca rusa?- subyace una reacción sentimental a que los intelectuales rusos desconocieran toda aquella cultura, y no sólo los occidentales.

A lo largo de los treinta y cinco años que llevo escribiendo novelas he aprendido a no tirar en un rincón por ridículos ninguno de los libros de mi biblioteca turca, ni siquiera los más tontos, provincianos, fuera de lugar y de época, pasados de moda, absurdos, erróneos o raros. Pero el secreto de que me gusten no consiste en que los lea como a sus autores les habría gustado, sino en leer esos libros extraños, inconexos y en ocasiones extraordinariamente bellos, poniéndome en el lugar de sus autores. La vía para huir del provincianismo no está en huir del campo, sino en identificarse hasta el final con ese sentimiento. Así fue como aprendí a sumergirme en profundidad en mi biblioteca, cada vez más grande, y, al mismo tiempo, a mantener las distancias con ella. Fue así como comprendí a partir de los cuarenta años que la razón más poderosa para que me gustara mi biblioteca radicaba en que ni los occidentales ni los turcos la conocían.

Ahora me dicen: "Ha ganado usted el Nobel, este año es el año de Turquía en la Feria del Libro de Francfort, ¿podría presentarnos su biblioteca de libros turcos?". Estoy dispuesto a hacerlo, a conseguir que guste la biblioteca turca, pero me da miedo perderle el cariño que le tengo al hacerlo.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Archivo Nro 18: En el día del Maestro (11 de Septiembre)





MODELO DE CONTRATO QUE FIRMABAN LAS MAESTRAS CON EL
CONSEJO NACIONAL DE EDUCACION
en el año 1923 en nuestro país.



CONSEJO NACIONAL DE EDUCACION CONTRATO DE MAESTRAS

AÑO 1923




'Este es un acuerdo entre la señorita..........maestra, y el Consejo de Educación y de la Escuela por el cual la señorita .................................acuerda impartir clases por un período de ocho meses a partir del......................de 1923.

La señorita acuerda:



1* - No casarse. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa.



2* - No andar en compañía de hombres.




3* - Estar en su casa entre las ocho de la tarde y las seis de la mañana, a menos que sea para atender una función escolar.




4* - No pasearse por las heladerías del centro de la ciudad.





5* - No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin el permiso del presidente del Consejo de Delegados.





6* - No fumar cigarrillos. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra fumando.





7* - No beber cerveza, vino, ni whisky. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra bebiendo.





8* - No viajar en ningún coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre.





9* - No vestir ropas de colores brillantes.




10* - No teñirse el pelo.




11* - Usar al menos dos enaguas



12* - No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos.




13* - Mantener limpia el aula.:



a) Barrer el suelo del aula al menos una vez al dia.




b) Fregar el suelo del aula al menos una vez por semana con agua caliente y jabón.





c) Encender el fuego a las siete, de modo que la habitación esté caliente a las ocho cuando lleguen los niños.






d) Limpiar la pizarra una vez al día.





l4* - No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios.





Fuente: 'La Revista del Consejo Nacional de la Mujer' Año 4, Nro. 12. marzo 1999. Buenos Aires.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Archivo Nro 17: MAHMUD DARWISH Poeta


Poesía con tanques bajo la ventana

JUAN MIGUEL MUÑOZ - Ramala -

Agazapado en la frontera que delimita el hastío, el horror y la esperanza, el autor palestino de Estado de sitio y figura de las letras árabes habla de poesía, guerra y memoria con motivo de la publicación en España de su Poesía escogida.

En tiempos difíciles para la poesía, Mahmud Darwix, hombre al que le cuesta sonreír, resiste. El poeta por excelencia desde Marruecos hasta Irak, nacido en 1941 en el pueblo palestino de Birwa, muy cerca de Acre, borrado del mapa por las milicias judías siete años después, vive a caballo entre Ramala (Cisjordania) y Ammán, recita en estadios de Beirut o viaja a El Cairo.


Para regresar a su tierra necesita permiso del Gobierno hebreo. Rara vez se lo concede. "A veces voy a ver la tierra de mi memoria. El lugar de mi lengua está allí", comenta Darwix, que recibe a EL PAÍS en Ramala con motivo de la nueva edición española de su Poesía escogida (Pre-Textos), en traducción de Luz Gómez García.

Embargado por un acendrado pesimismo, le disgusta la evolución de los países musulmanes, cada día más anclados en la religión; detesta las políticas de Estados Unidos e Israel en la región, y no atisba solución al eterno conflicto. Sólo resta un resquicio al que aferrarse. Su sueño: "Mejorar mi poesía. Escribir poesía pura".

En su bello y pulcro a la par que modesto despacho del centro cultural Shakakini, Darwix explica que su poesía no es fácil. "Se necesita conocer la mitología de Oriente Medio. No me gusta escribir poemas unívocos, deben tener muchas interpretaciones". Y en permanente evolución, aborda ahora la causa palestina, de la que fue gran abanderado, de otro modo. "Creo que no hay una ruptura entre el pasado y el presente, que se pueden hallar las mismas semillas a lo largo de mi obra. Pero ahora me esfuerzo más en la estética, no sólo en reflejar la realidad. Intento humanizar nuestra causa. Los palestinos son seres humanos que ríen, viven, e incluso tienen una muerte normal. No sólo los matan".

Cuando se le sugiere que hay gente a la que no agrada su obra, responde: "Sí, pero también hay quien prefiere la poesía que escribo ahora. Me ruboriza decirlo, pero soy el poeta más famoso en el mundo árabe, tengo nuevos lectores, muchos son muy jóvenes, y compran mis libros. Todavía pertenezco al futuro, que está en las nuevas generaciones".

Tampoco las tendencias actuales, según él, abonan el campo para la creación poética. "Las nuevas tecnologías y los medios de comunicación han orillado a la poesía. Ya no ocupa el lugar que ocupaba antes en el mundo. No es una crisis exclusiva del ámbito árabe, sucede en todo el planeta. Ya no hay lectores de Lorca o Alberti".

No va a renunciar, por mucho que se impongan las tendencias modernas o por muchas críticas que pueda recibir de sus compatriotas. Es su sueño. "Para escribir poesía pura hay que liberarse de la presión de la Historia, aunque sé que no es posible. Quiero que mi poesía se acerque a la música, algo que todos pueden entender. Y que mi país sea libre. Entonces podré decir cosas buenas de Israel. Entonces podré elegir el exilio, si quiero. Deseo que mi país tenga una vida normal. No quiero ni héroes ni víctimas".

La poesía, como los territorios palestinos, sufre un asedio. El centro cultural que dirige el poeta fue tomado al asalto en 2002: "Los soldados israelíes destrozaron parte de los archivos. No lo perdí todo. Sólo fue una revancha porque había recibido a una delegación de escritores, entre ellos José Saramago, Wole Soyinka y Juan Goytisolo", explica. En esa época creó su obra Estado de sitio. "La escribí con los tanques debajo de mi casa. Fue una gran terapia para el alma. La poesía te hace sentirte libre, te conduce a otro sitio. Tal vez es una ilusión, pero es esencial", señala Darwix.

Desde su infancia conoció experiencias traumáticas: el despojo, la cárcel, el destierro. La familia fue expulsada de Galilea en 1948. Él regresó de forma clandestina al año. El activismo político en la izquierda le llevó a prisión. A comienzos de los setenta comenzó su peregrinaje. Marchó a Moscú. Más tarde a El Cairo. Después a Líbano. Y de nuevo, en 1982, ya bajo asedio israelí, a Beirut. "El exilio es parte de mí. Cuando vivo en el exilio llevo mi tierra conmigo. Cuando vivo en mi tierra, siento el exilio conmigo. La ocupación es el exilio. La ausencia de justicia es el exilio. Permanecer horas en un control militar es el exilio. Saber que el futuro no será mejor que el presente es el exilio. El porvenir es siempre peor para nosotros. Eso es el exilio".

"La arrogancia es enemiga de la inteligencia"

Ha asegurado que se ha puesto una coraza; que logra, desde hace años, dominar sus sentimientos. Pero, como el té hirviendo que se sirve en Palestina, queda mucho del fuego juvenil, aunque expresado sin estridencias.

Pregunta. En su poema Contrapunto, dedicado a Edward Said, escribe: "No os fiéis del caballo, ni de la modernidad".

Respuesta. Aludo a los indios de América. Los blancos trajeron la modernidad en ese caballo. Ahora puede aplicarse a lo que pasa en Oriente Próximo. El tanque aquí es ese caballo.

P. Los países árabes se distancian de la modernidad. Crece sin pausa el fenómeno religioso.

R. Los pueblos son mucho más creyentes que hace 40 años, por la depresión y el conflicto entre los extremismos israelí y musulmán. ¿Qué hace Israel en las granjas libanesas de Chebá? Sólo ofrecer una justificación política a Hezbolá. ¿Qué ha logrado la invasión de Irak? Dar fuerza a esos movimientos. Nadie en el mundo árabe cree en la política estadounidense. La religión es la respuesta fácil a las cuestiones complejas.

P. ¿Puede frenarse esa islamización?

R. Sí, si hubiera estabilidad, justicia, dignidad y democracia. Si hay esperanza y trabajo, la gente será más moderada. EE UU debe retirarse de Irak y dejar de prometer democracia con tanques. Israel debe comprender que no puede tener el monopolio de la tierra y el monopolio de la historia en esta tierra. Un dirigente israelí ha dicho que causarían un holocausto a los palestinos. No esperaba que usaran este término referido a nosotros. Están volviéndose locos. Han perdido su inteligencia, porque la arrogancia es enemiga de la inteligencia.

P. Cuál es la mejor manera de luchar contra la ocupación?

R. Esto es una prisión. Nuestra vida no es vida, pero es mejor que la muerte. Es muy triste vivir bajo ocupación. La primera Intifada (la de las piedras contra los tanques) es el modelo. Provocó un cambio en la comunidad judía mundial y la opinión pública del planeta comprendió mejor al pueblo palestino. Creo que no volveremos a ese camino. No veo solución. El proceso de paz ha fracasado. Militarmente, no podemos. El presente es muy frágil. Nadie ve el futuro. Sólo el pasado es sólido. No hay luz al final del túnel, todo es oscuro. El actual proceso de paz no conduce a nada: Israel está haciendo imposible la paz.

Frases:

"Los palestinos ríen, viven y hasta tienen una muerte normal, no sólo los matan"

"La poesía te hace sentirte libre; tal vez es una ilusión, pero es esencial"

Poesía:

Tengo la sabiduría del condenado a muerte:

No tengo cosas que me posean.

He escrito mi testamento con mi sangre:

“¡Confiad en el agua, moradores de mis canciones!”.

He dormido ensangrentado y coronado con mi mañana...

He soñado que el corazón de la tierra era mayor que

Su mapa

Y más claro que sus espejos y mi cadalso.

He creído que una nube blanca me

Ascendía,

Como si yo fuera una abubilla con el viento por alas.

Y al alba, la llamada del sereno

Me despierta de mi sueño y de mi lenguaje:

Vivirás en otro cadáver.

Modifica tu último testamento.

Se ha retrasado la fecha de la segunda ejecución.

¿Hasta cuándo?, pregunto.

Esperaré a que mueras más.

No tengo cosas que me posean, respondo,

He escrito mi testamento con mi sangre:

“¡Confiad en el agua,

moradores de mis canciones!”

Y yo, aunque fuera el último,

Encontraría las palabras suficientes...

Cada poema es un cuadro.

Pintaré ahora para las golondrinas

El mapa de la primavera,

para los que pasan por la acera, el azufaifo

y para las mujeres el lapislázuli...

El camino me llevará

Y yo le llevaré a hombros

Hasta que las cosas recobren su imagen

Verdadera,

Luego oiré lo genuino:

Cada poema es una madre

Que busca a su hijo en las nubes,

Cerca del pozo de agua.

“Hijo, te daré el relevo.

Estoy encinta”.

Cada poema es un sueño.

He soñado que soñaba.

Me llevará y le llevaré

Hasta que escriba la última línea

En el mármol de la tumba:

“Me he dormido para volar”.

Y llevaré al Mesías zapatos de invierno

Para que camine como los demás

Desde lo alto de la montaña hasta el lago.


(Publicado en el periódico Al-Hayat el 31-X-2003)

Traducción del árabe: María Luisa Prieto.



Oh beso que duerme sobre un cuchillo,
manzana de besos.
¿Quién recuerda el sabor que queda
-no estando tú-
como el jardín de la esperanza?
- Hemos crecido, infeliz,
me dijo la vida.
- ¿Y mi amor?
- Los muertos no crecen.
- ¿Y mis lunas?
- Se cayeron con la casa.
¡Oh beso que duerme sobre un cuchillo!
¿Te acuerdas de mi boca?
Te quiero cuando te quemas.
¿Quemarás mi sangre?
Amo tu muerte cuando me lleva
a mi país
cual lirio ardiente
o pájaro hambriento.
¡Oh beso que duerme en un cuchillo!

(leer más en: www.marioonthenet.blogspot.com)

Poetry and Prose Selections (en inglés)




















































You, as of now, are someone else!

Mahmoud Darwish

Was it inevitable for us to fall from such heights, and see our blood on our hands… for us to realize that we are no angels… as we used to think? Was it also necessary for us to expose our genitals to everyone, to make sure our reality is no longer a virgin?
Such liars were we when we said: We are exceptional!

To believe yourself is much worse than lying to someone else! To be friendly with those who hate us, and ruthless to those who love us – this is the inferiority of the conceited, and the arrogance of the situation!

Oh past, do not change us… the further away we move from you! Oh future: do not ask us: who are you? And what do you want from me? We too have no clue. Oh present, bear with us a little, we are no more than dreary passers by!

Identity is our legacy and not our inheritance; our invention and not our memory. Identity

is the ruin of the mirror that we should break as soon as we like our image! He put on a mask, put on courage, and killed his mother… because she was the easiest prey… and because a female soldier stopped him and exposed her breasts asking: Does your mother have breasts like these?

If it wasn’t for modesty and darkness, I would have visited Gaza, without knowing the road to the new house of Abu Sufian, nor the name of the new prophet. If Mohammad hadn’t been the last of the prophets, each gang would have had its own prophet, and each companion a militia! We admired June in its 40th anniversary; if we can’t fine someone to defeat us again we defeat ourselves with our own hands, lest we forget!

No matter how long you stare into my eyes, you will not find my gaze there. It has been kidnapped by a scandal! My heart is not mine… and it is no one’s. It has claimed independence, without turning into stone. Does he who chants over the body of his victim-brother: “Allahu Akbar”, know that he is an infidel, since he sees God in his own image: lesser than a well formed human being?

The prisoner, eager to inherit the prison, hid his smile of victory from the camera. But he did not succeed in restraining the happiness streaming from his eyes; perhaps because the rushed text was much stronger than the actor. Why do we need Narcissus, as long as we’re Palestinians, and as long as we don’t know the difference between the Jame’ (mosque) and the Jame’ah (university), both words having the same root. What need to we have for a state… as long as it is moving, along with the days, towards the same destiny?

A large sign at the door of a nightclub: We welcome Palestinians returning from battle. Free entry! Our alcohol… doesn’t get you drunk! I cannot defend my right to work, as a shoe polisher by the sidewalks, because my clients have the right to consider me a shoe thief – this is what a University professor told me!

“The stranger and I will join forces against my cousin. My cousin and I will join forces against my brother. My Sheikh and I will join forces against me.” This is the first lesson in the new national education curriculum. In the abyss of darkness, who will go to heaven first? He who died with enemy bullets or he who died by his brother’s bullets? Some jurisprudents say: Thou shalt have an enemy born from your mother’s womb! The fundamentalists do not annoy me; their secular supporters infuriate me, as do their atheist supporters who only believe in one religion: their images on TV! He asked me: Can a hungry guard defend a house whose owner has traveled to spend his summer vacation in the French or Italian Riviera… whichever one? I said: No he doesn’t! And he asked: does myself + myself = two? I said: you and you equal less than one!

I am not ashamed of my identity, it is still under construction. But I am ashamed of some of what is written in the Ibn Khaldoun introduction: You, as of now, are someone else!




viernes, 22 de agosto de 2008

Archivo Nro 16: Primer discurso de Fernando Lugo

Paraguayos y Paraguayas
Compatriotas de América y ciudadanos del Mundo.

La digna estirpe Paraguaya despierta nuevamente.

Muchas gracias hermanos y hermanas de mi tierra; muchas gracias a la generosidad de Presidentes de Naciones amigas, el Príncipe, los Vice Presidentes y dignatarios todos que hoy vienen a cultivar con nosotros la semilla de un nuevo proyecto de Paraguay.

En cada milímetro de nuestro ser hoy bulle una convocatoria: reconstruir el sueño de José Gaspar Rodríguez de Francia, desde el mérito de la solidaridad, la equidad social y la identidad que nos abraza.

Pese a que los tiempos que corren se obstinan en demostrarnos que el pasado es una construcción sin implicancias para el devenir; nosotros queremos encontrar sus valores y sus signos para que en la semiótica del futuro se encuentren nítidas las motivaciones que claman por un mañana que reitere los logros y no repita sus errores.

En Paraguay queremos retomar ese nítido mensaje de los López para sumar a nuestra nación al desarrollo de sus potencialidades humanas, productivas y estratégicas.

Queremos recobrar ese valor de los gobiernos que conjugaron honestidad y austeridad como ecuación del supremo sacrificio por la patria.

El 20 de Abril cuando juntos produjimos el cambio en Paraguay asumimos un compromiso con los hombres y las mujeres de nuestra historia que nos interpelan hoy a no desperdiciar el esfuerzo, a no fallar en el rumbo, a no bajar los sueños del supremo altar de la esperanza.

Ahora es tiempo de mirar hacia delante y trabajar denodadamente la INGENIERIA colectiva del futuro del Paraguay. No será tarea fácil. El sendero estará empedrado de obstáculos que permanentemente pretenderán cegarnos con los espejismos del reciente pasado dictatorial que ha infiltrado nuestra cultura neutralizando actitudes que, sin embargo, recobramos y marcaron la Victoria de ABRIL como la capacidad asociativa, la conciencia critica, la innegociable dignidad.

Es importante que vuestro Presidente deje en claro un dato: el cambio no es una cuestión electoral; el cambio en Paraguay es una apuesta cultural, quizás la más importante en su historia.

Por lo tanto no se trata de un proceso que tiene vencedores ni vencidos ni propietarios exclusivos. Este cambio es la oportunidad que tenemos unos y otros en nuestra querida nación para asumir la copropiedad del proceso que no requiere otra cosa que intención de producir aportes desde la gestión que ejerciéramos para sostenerlo, lo cual es la propia cancelación de la interminable transición y nuestra incorporación plena al universo de democracias consolidadas del mundo.

Hoy termina un Paraguay exclusivo, un Paraguay secretista, un Paraguay con fama de corrupción, hoy se inicia la historia de un Paraguay cuyas autoridades y pobladores serán implacables con los ladrones de su pueblo, con acciones que nublen la transparencia y con aquellos pocos dueños feudales de un raro país del ayer enclavado en el presente.

Quisiéramos que Rafael Barret con su “dolor Paraguayo” y Augusto Roa Bastos con su “isla Rodeada de tierra” descansen ya en la certeza de una herencia redimida; queremos que sepan Barret y Roa Bastos que Juan, Maria, Felipe, Roberto, decidieron un día cerrar las paginas de un Paraguay irreal y farsante y despertar al Paraguay real, histórico e incontenible en su rumbo hacia la alborada de felicidad tan postergada.

Quisiera que otras plumas que cantaron al mundo nuestra historia de dignidad secuestrada, como ELVIO ROMERO, sepan que estoy aquí, fiel a su impronta “con los de mi camino; con el justo, el pobre, el perseguido y el rebelde”. Y que “de parte alguna vino mi voz sino de ellos”.

Heme aquí – querido ELVIO – con los de mi camino

La vida de este humilde paraguayo de un bello rincón del Sur tiene en la fe una contribución muy importante.

En este instante me parece importante rescatar el paisaje social que me inspiró un día al sacerdocio en los albores de una Iglesia nueva que se comprometía a calzar esas sandalias que caminan con las tribulaciones y alegrías de la gente.

Al mismo tiempo de optar por el ejercicio pastoral opté preferentemente por aquellos que la historia había arrojado en los marginales escenarios de la exclusión y la miseria.

Cuando encontré la palabra de Boff y de Gutiérrez, entre otros, percibí claramente que era esa la Iglesia destinada a nutrir de esperanza activa a seres hermanos y humanos sumidos en el discurso opresor de tantas dictaduras que marcaron la historia de nuestra Patria Americana.

Por eso estuve allí, por ellos estoy aquí y por esto mismo este laico eternamente agradecido con su Madre Iglesia permanecerá aferrado a su fe solidaria hasta el fin de su humilde historia.

Compatriotas:

Empezamos hoy la intensidad de nuestra tarea.
Liderazgo colectivo.
Nuestra bandera de campaña.
Liderazgo colectivo supone derrotar el caudillismo que perforó los cimientos de la mismísima cohesión social en Paraguay

La conquista de un proceso de desarrollo, una economía sustentable con equidad social pretende bajar sus más nobles cimientos en este quinquenio que nos ocupa como Presidente.

Alto pensamiento estratégico, altísima competitividad, lectura puntual de los fenómenos mundiales que regulan el mercado, incorporación tecnológica de punta, inversiones, no serán suficientes si no insertamos como transversal y concreto una educación para el cambio social.

Paraguay debe inaugurar una ACTITUD ante los desafíos de su tiempo.

La economía sustentable encuentra el aire de coherencia que respira, en la equidad socio-económica.

Soñamos con un Paraguay socialmente justo. Donde nunca más exista tanta inequidad que convierte a los unos en adversarios de los otros.

Tanta inequidad que genera saciedad y hambre al mismo tiempo.

Y recurro a una frase de Josué de Souza para anunciar que Yo renuncio a vivir en un País “donde unos no duermen porque tienen miedo y otros no duermen porque tienen hambre”

Nuestra respuesta será la acción reductora de los factores que provocan la pobreza estructural, la instalación de condiciones adecuadas para que el Estado sume a la asistencia a sectores de mayor vulnerabilidad estrategias de solución estructural; y por sobre todo, por sobre todo, pretendemos que la responsabilidad social no sea solo un discurso cosmético de pequeños emprendimientos para constituirse en el gran escenario donde el Estado dialogue con los actores sociales y empresariales un Pacto Social que implique acciones, actitudes y lo más importante – que los que hoy son unos y otros – recuperen la visión de un futuro compartido.

Los nuevos modelos de desarrollo agrícola por su intensidad, capacidades tecnológicas y alto rendimiento suponen una expectativa interesante de generación de ventas internacionales; lo cual a su vez va fortaleciendo cada vez más el desarrollo de estos emprendimientos.

Al mismo tiempo se ha visto como constante que los aportes macroeconómicos sustanciosos e importantes no transferían réditos sociales; lo cual se observa en varios escenarios: una visible miseria de algunos sectores inmediatamente próximos a estas explotaciones y un agresivo desplazamiento que suma al dato económico y social una deuda con la dignidad, la fraternidad y la solidaridad que nosotros pretendemos saldar.

Nosotros queremos un Paraguay en el que crezcan TODOS.

Nos importa resaltar la línea de la seguridad alimentaria caracterizada no solo desde el reaseguro de un espacio y oportunidades de producción autogestionaria sino también en su dimensión CULTURAL, SOBERANA E IDENTITARIA.

Dentro de este mismo concepto asumimos el compromiso del proyecto político denominado ALIANZA PATRIOTICA PARA EL CAMBIO, temerario grupo de hombres y mujeres de diversos orígenes partidarios y sociales que en menos de un año de existencia cambió una historia de 60 años...

Esta ALIANZA ha dialogado con la comunidad y desde tal espacio compartido ha surgido siempre como una inquietud la necesidad de un mayor impacto socioeconómico de los emprendimientos energéticos compartidos en la actualidad con los pueblos hermanos de Brasil y Argentina.

Obedientes al mandado acudiremos ante nuestros pares en el afán de encontrar que estas “causas nacionales” se transformen en “Causas Binacionales “de objetividad, solidaridad y conciencia de un futuro compartido.

A propósito, nuestro proyecto cree en la integración, cree en la poesía de la patria sin murallas, cree obstinadamente en la ecuación de fronteras fértiles antes que oclusivas

Por esto mismo convocamos a la búsqueda de soluciones concretas a problemas menos vinculados a los marcos jurídicos y declamatorios de nuestras legítimas intenciones, enfocando el rumbo a la atención de cuestiones cotidianas que motivan cierta desconfianza en muchos mercosurianos, que pese a sus fortines e hitos, se abrazan y se quieren ; y la mejor demostración la ofrecen los pueblos fronterizos vecinos que supieron escribir sus microhistorias de integración por el camino de los hechos culturales, sociales, solidarios y humanistas.

Damos la bienvenida y el respaldo a diversos esfuerzos de integración ya vigentes o en proceso que tengan a la persona humana como sujeto directo de su beneficio. Nunca olvidemos a SALVADOR ALLENDE y sus jóvenes cien años clamando como el primer día que “mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas, por donde pasará el hombre libre para construir una sociedad mejor”;

¡Esas grandes alamedas estas hoy abiertas y firmes porque no se cubren del indolente asfalto sino de la materia que constituye los sueños de próceres de la Patria Grande…!

Paraguay tiene a sus hijos en el mundo. Hoy al tiempo de agradecer la hospitalidad de los países del mundo que los alojan nos comprometemos a empezar a generar acciones que restituyan a Paraguay esa oportunidad de alojar todos los sueños prosperidad de hermanos y hermanas que un día fueron a buscarlo en otros lares.

Como ese otro Paraguay lindo, instalado, laborioso, que empezó a construir los edificios de la Reina del Plata, Buenos Aires, en la década de los 30 y hoy son generaciones y generaciones de connacionales siempre gratos – como nosotros- a este país que los alojó y les permitió contribuir con su esfuerzo.

¡Cuánto habrán cantado con Carlitos Gardel el VOLVER de la nostalgia y cuantas veces no pudieron y tantas como no pudieron se arroparon de nuevo en el abrigo solidario de vuestro país, Presidenta Cristina y sea esta la histórica oportunidad de un MUCHAS GRACIAS

Saludamos desde aquí a las migraciones más nuevas con destino a Europa y Estados Unidos, englobando aquí a los connacionales que viven en diferentes estados de la tierra, que día a día hacen lo que mejor saben: trabajar.

Nuestro Abrazo a ese otro Paraguay que vive allende nuestras fronteras.

Al tiempo de trabajar por un nido más acogedor para el vuelo del retorno nos comprometemos a dialogar, dialogar y volver a dialogar para se siga viendo en el migrante – donde fuera que estuviera – un hermano que llega, desde una actitud humanitaria y hospitalaria, cuya carencia nos haría dudar de la vigencia de factores fundacionales de nuestra convivencia civilizada

El estado que nos comprometemos a edificar tiene relación con las particularidades de la demanda cívica expresada en las urnas el pasado 20 de Abril.

Una primera acción: mejorar los niveles de institucionalidad de nuestras oficinas del Estado Paraguayo. Desde sus valores. Su Misión. Su eficiencia. El patriotismo del servidor público. Su absoluta transparencia. Su responsabilidad como funcionario del Estado. Y esto es importante porque no existen instituciones corruptas sino funcionarios que se corrompen.

Derrotar el secretismo estatal. Hacer que nuestras instituciones rindan cuentas y mejorar las capacidades de sus operarios son otras miradas ejecutivas que pondremos en vigencia.

Un signo de este tiempo nuevo será la austeridad. Pondremos especial énfasis en el control de los bienes públicos evitando la eternización del despilfarro que unos ostentan mientras la gran mayoría, el gran país, sufre diversas carencias.

Los ajustes, la racionalización de los recursos acompañaran este proceso y serán parte del plan de austeridad que proponemos.

Queremos que en este tiempo las Fuerzas Militares se dignifiquen y sean amigas y compañeras de la comunidad.

Desde las políticas diseñadas en el Ministerio respectivo, se encara una sustancial mejora en las capacidades de la Policía Nacional, incluyendo una especial atención a las condiciones de vida de los cuadros policiales.
Igualmente deberán reducirse dramáticamente las estadísticas de corrupción en esta fuerza a partir de una mayor conciencia, un mejor control y una más enfática respuesta en las faltas y delitos.

Creemos que las Fuerzas Policiales tienen un rol histórico que necesariamente lo asumirá con ética y eficiencia profesional para demostrar que con la confianza y el estimulo de la comunidad y sus instituciones son vitales coparticipes del cambio.

Las Fuerzas Armadas de la Nación deben estar preparadas para la mejor experiencia en tiempo de paz que le tocará vivir hasta el presente. Lejos quedan las operaciones tenebrosas de estas fuerzas para sostener un régimen oprobioso. Nuestro gobierno pretende que las Fuerzas Armadas caminen aliadas con la comunidad por los rumbos de sus aspiraciones de desarrollo.

Ya no queremos un soldado que infunda temor, queremos un soldado que genere confianza.
¡¡Un soldado hermano está naciendo en Paraguay!!

El enfoque de la seguridad tendrá las líneas necesarias que garanticen su integralidad. La mejora financiera, tecnológica, logística es una parte de la estrategia que deberá conjugarse con acciones convergentes en el campo social que al disminuir las causas de la pobreza descomprima la inseguridad cotidiana. Obviamente son procesos que llevará algún tiempo establecer totalmente.

Pondremos un máximo esfuerzo por quitar el estereotipo de “zonas liberadas o peligrosas” a regiones como San Pedro, o los bañados de Asunción, cuyos pobladores en su absoluta mayoría y en la misma proporción que en diversas regiones son honestos y laboriosos.

Nuestro gobierno no perseguirá a nadie por la portación de pobreza…!

Será una pasión la conservación del remanente de bosques naturales y el medio ambiente en General. Factores claves como el Acuífero Guaraní, los humedales y particularmente el AGUA DULCE pasarán a resguardarse aplicando conceptos de recursos estratégicos.

Acciones regionales que apunten hacia este objetivo deberán ser apoyadas indudablemente.

Las Naciones originarias, los Paraguayos y Paraguayas son los primeros propietarios del futuro de sus recursos naturales; de su goce e incluso de su explotación productiva racional.

Las naciones indígenas esperan a la orilla del camino que alguien los convoque a reapropiarse de sus tierras. Estas tierras de ahora en más no solo serán sagradas para su cultura sino – valga la figura- sagradas para la aplicación de la ley.

Ningún blanco que negocie tierras indígenas, que los humille o los persiga tendrá la misma impunidad que tuvo siempre.

El delito contra un indígena debe dejar de navegar en las aguas de la impunidad.

Trabajaremos denodadamente por lograr mejores condiciones de vida para los campesinos, con o sin tierra.
Desterrar ese viejo mal humor social instalado por la inequidad forma parte de nuestra acción desde los organismos respectivos del gobierno que hoy asume.

Necesariamente tenemos que apuntar a mejoras que otorguen mayor valor a la producción encontrando una alternativa a la exportación de materia prima.

Los empresarios tendrán nuestro más pleno respaldo. Pondremos el mejor ambiente de trabajo. El que – a su vez - irá mejorando paulatinamente en el marco de la habilitación de puestos de trabajo.

Una industria, una explotación agrícola concebida con parámetros de incidencia social y resguardo del ambiente, emprendimientos empresariales en otros campos como la comunicación, la banca, los servicios, tendrán un decidido acompañamiento del gobierno.

¡Necesitamos que la empresa funcione en Paraguay!

Estamos trabajando planes en SALUD Y EDUCACION que derroten por fin la exclusión.

Debemos decirlo: La mayor inversión social y política de este gobierno se refleja en una figura muy sencilla: UN NIÑO SANO Y BIEN EDUCADO.

¡¿Qué otro punto de partida puede ser mas auspicioso que la siembra de futuro?

El Gabinete social de nuestro gobierno integrado por Ministerios y Secretarias del ramo acompañará muy de cerca este propósito simultáneo de asistir y cambiar estructuras.

No dejaremos que nadie muera de hambre a consecuencia de nuestro abordaje estructural ni eternizaremos la miseria con nuestras acciones asistencialistas.

Quiero decir algo a los jóvenes. Esta autentica mayoría nacional.
Ya estamos asumiendo nuestro gobierno y recordarás que el jueves 17 de Abril en este mismo lugar yo te pedí un favor. Vos me diste.

Yo te dije, Chera-a, que tu única obligación, tu único compromiso, tu único gran esfuerzo debería ser que fueras AUTENTICAMENTE FELIZ.

Vos, con una sonrisa fuiste a las urnas el 20 y borraste de un boletazo toda la mala onda de varias generaciones.

Ahora te pido casi lo mismo. Si vos llegas a conquistar tu felicidad, con estudio, con acciones solidarias, con valores, TU FELICIDAD hará grande este país…

Yo renuncio a un Paraguay con jóvenes tristes, yo Anuncio, con la colaboración de todos, un Paraguay con jóvenes protagonistas de su destino!!

Hoy cuando este hombre de fe y este laico comprometido con su tiempo atravesaba la ciudad ha visto una vez más lo que nos llena de pena y de vergüenza. Los niños de la calle.

Pensaba en aquellos rostros de puebla que claman visibilidad social, comprensión, mínima solidaridad.

Y me interpelé. ¡Cuánto nos demoraremos en dar respuestas a esta situación?. No es prudente ni serio anunciar tiempos para esa forma de inequidad que se vale de la luz roja, de peligro, para encontrar las dos monedas del día.

No se en cuanto tiempo. No se si lograremos tumbar definitivamente al monstruo de la miseria que los condena, pero sepan, eso sí: que al igual que con la causa de los indígenas, los niños en situación de Miseria tendrán a más de las instituciones asignadas, la ocupación PERSONAL de vuestro presidente.

Compatriotas

El Paraguay no cambiará el 16 de Agosto. Empezará a cambiar paulatinamente el día y la hora en que te sumes a los que acudirán desde los primeros cien días a ganar las calles diagnosticando, actuando, evaluando.

El edificio de nuestro nuevo Paraguay tiene un ladrillo en tus manos. Acercate, no importa a que sector político respondas, en el Paraguay se acabaron las afiliaciones para lograr un puesto…

Gracias a todos los protagonistas del Cambio…gracias a los patriotas del 20 de Abril… Gracias a los que no dejan de creer

Paraguay despierta….

¡¡¡Despierta Paraguay!!!

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PUNTO DE VISTA
es una publicación electrónica del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de Río de Janeiro y Buenos Aires. En ella se divulgan textos de opinión, entrevistas y artículos breves destinados a estimular y promover el diálogo democrático. PUNTO DE VISTA expresa nuestra perspectiva institucional ante ciertos asuntos de actualidad en el debate público latinoamericano.

Se permite su reproducción citando la fuente y enviando copia de la publicación al Laboratorio de Políticas Públicas (LPP).




Archivo Nro 15: Deuda Externa y nuestra patologías...comentarios a la nota (una reflexión )[fuente: blog Un Día Peronista]

21.8.08

Guots ap Broda?

Un día como hoy pero hace un ratito el compañero Diego F. pública en su pasquín esta linda notita/reflexión al respecto de los "infamestraidoresalapatria" a los que las empresas periodísticas, en tanto socias mayoritarias de estos muchachos, siguen encumbrando en sus páginas. Los Autores no pueden estar más de acuerdo y para demostrarlo, transcriben lo que en otro pasquín de otros lares escribieron hace ya 3 años -antes de que este blog existiera- al respecto de otro economista que por esos días resucitaba.

Deuda externa y esquizofrenia
La negociación de la deuda externa genera inquietud en la población y verborragia en los técnicos y gurúes. En esta edición, un análisis sobre los "análisis" que hacen algunos opinólogos profesionales sobre la deuda.

Es normal que un Ministro japonés defienda los intereses japoneses. También es normal que un periodista italiano defienda los intereses italianos. Normal es, además, que un mecánico alemán defienda los intereses alemanes ¿Por qué, entonces, no nos asombra que un economista argentino defienda los intereses alemanes, italianos o japoneses por sobre los nuestros? Parece ser que existe un curioso trastorno de la identidad, que sufren algunos argentinos, cuyas consecuencias estamos empezando a conocer.

Vemos en los medios, día a día, a periodistas, economistas, columnistas, analistas, técnicos, expertos, opinólogos, gurúes, asesores, futurólogos, agitadores, mandarines, tarotistas, vedettes, paparazzis, etcétera, que advierten, moralizan, se indignan, pronostican, auguran, explican, asustan, se asustan y hasta profetizan sobre las macabras implicaciones que la actual negociación de la deuda externa podría tener sobre la vida de todos los argentinos. Es moneda corriente oír hablar de la “inquietud de los mercados”, de las repercusiones en la “comunidad internacional”, de que nos “aislamos” del mundo, etc. Pero al detenernos por un momento ante estas expresiones nos preguntamos qué es lo que realmente significan. Veamos un ejemplo: Miguel Angel Broda (alto profesional con trastornos de identidad) escribió recientemente en La Nación que “…las señales de la comunidad internacional en los últimos cinco días fueron contundentes: los pasos dados por el gobierno argentino son insuficientes y es necesario mejorar la oferta de reestructuración de deuda. Así lo reflejaron las palabras de Aznar: <>. No hay futuro económico al margen de los sistemas financieros internacionales. No habrá salvamento ni horizonte alguno si rompe relaciones con el FMI…". Esta frase concentra en siete renglones los síntomas de esta patología a la que los argentinos nos vemos expuestos. Veamos:

!Broda logra la asombrosa tarea de reducir las señales de la “comunidad internacional” a las declaraciones de un sólo Jefe de Estado (así empieza a manifestarse la patología). No sólo comete ese exabrupto, sino que, si nos olvidáramos por un rato de que Aznar es español y defiende los intereses españoles, podríamos entender que lo que nos está sugiriendo es que hagamos lo mismo que el mecánico alemán: defender nuestros intereses. Pero esto no es así. Lo que en realidad Broda nos quiere hacer creer, por medio de Aznar, es que los españoles ya nos hicieron el “favor” de comprarnos bonos a una tasa de interés asombrosa e irrazonablemente rentable, y ahora pagarles esos bonos extorsivos le “conviene” a la Argentina. Como el tipo que se engrampa a la jermu de su amigo y después le dice “agradecéme porque si no fuese por mí no hubieses sabido lo p…… que era.”

!Porque ahora falta que “Argentina se ayude a sí misma”, pero no a nosotros mismos. Para Broda, Aznar y los otros siete-G, la Argentina es una idea abstracta, poética y surrealista, pero no treinta millones de personas de los cuales la mitad se encuentra bajo la línea de pobreza.

!Y por supuesto, Broda advierte que si “Argentina no se ayuda” no habrá “futuro económico”, “salvamento ni horizonte alguno”. El famoso “nos aislamos del mundo” y otras tantas y tenebrosas consecuencias que también nos decían que ocurrirían cuando el riesgo país llegara a 500. Hoy está en 6532 millones y el sol sigue saliendo por el Este y poniéndose por el Oeste. Guot´s ap Broda?

Pero esta es una de las tantas formas en la que se manifiesta esta patología de la identidad que hace que los argentinos nos sintamos como mecánicos alemanes. También, además de gurúes catastróficos, hay opinólogos que se indignan en su falsa moral y analistas que defienden legalismos parciales.

Veamos a los primeros. A estos les encanta repetir que la Argentina “debe cumplir con su palabra” y “honrar sus compromisos” independientemente de cómo y a beneficio de quién hayan sido contraídos. No les importan las irregularidades, la corrupción, los manejos y la negligencia deliberada latentes en todos los procesos de endeudamiento argentino. Sólo reducen el problema de la deuda a una cuestión de honor, que debe ser saldada aún con el hambre y la miseria de millones de personas.

Los segundos, que nos atañen más, sostienen una postura que llega a la misma conclusión pero utilizando algunos principios jurídicos y, naturalmente, obviando otros. Así, reemplazan los argumentos morales por argumentos legales, y reclaman que el Estado debe mantenerse dentro del Imperio de la Ley. Obvian el hecho de que gran parte de nuestra deuda se contrajo ilegalmente. Obvian que el proceso de endeudamiento argentino comenzó con la última dictadura militar, un gobierno que, sin dudas, estaba muy por fuera del Imperio de la Ley. Obvian también que la estatización de la deuda privada de ciertas empresas fue acordada entre éstas y el gobierno de turno a costa del futuro de nuestras generaciones. Obvian además los intereses usureros bajo los que se expidieron grandes porciones de deuda. Obvian que la mayoría de la deuda la contrajo el Poder Ejecutivo y no el Congreso de la Nación, verdadero poder facultado por nuestra Constitución Nacional para su arreglo. Obvian que un Juez Federal (ver causa Olmos) declaró ilegítima gran parte de ésta. Entonces, debemos avisarles a estos analistas que el Imperio de la Ley es importante, pero no desde hoy, sino desde siempre. Y que los acreedores son acreedores siempre y cuando no hayan orquestado un fraude. Y que los deudores son deudores en tanto y en cuanto no hayan sido embaucados por sus malos gobiernos.

Está lleno de opinólogos con esquizofrenia. Nos bombardean día y noche con ideas, “hechos”, informaciones, rumores, tendencias, índices, indicadores. Tenemos que tener en cuenta que detrás de cada uno de ellos hay una patología que se llama billetera y un prestigio avalado por un interés que los hace comportarse como un periodista italiano o un pastor alemán. Es entonces nuestra labor intentar descubrirlos y desentrañar lo que “analizan”, y generar desde la Universidad un discurso jurídico nuevo, no en base a lo que nos dicen sino en base a lo que pensamos, aplicando el sentido común. Porque el derecho se tiene que adecuar a los procesos sociales y no al vesre. No Banquemos Injusticias.

SUBNOTA: OTRO ESQUIZOFRENICO
José María Dagnino Pastore
Este hombre, quien fuera usurpador de cargos públicos en al menos dos oportunidades (fue Ministro de Economía de la Nación de facto en los años 1969, 1970 y 1982) durante las dos dictaduras más sangrientas que sufrió nuestro pueblo, es hoy flamante director del posgrado “Derecho y Economía” dictado en nuestra alta casa de estudios. Máximo exponente de la esquizofrenia a la que aludimos, José María Dagnino Pastore ha sabido iniciarnos en lo que hoy llamamos “deuda externa”, habiendo sido pionero en la materia. Fue, al mismo tiempo, parte de un estado terrorista y padre de nuestra bancarrota: enseña, paradójicamente, “Derecho” y “Economía”.

Lo increíble es que la misma Facultad que propicia (a través de su decano Alterini) que “el Poder Ejecutivo arbitre los medios necesarios a fin de requerir urgentemente una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia sobre la legitimidad de la deuda externa argentina a la luz de los principios generales del derecho y de la vigencia de los derechos humanos” , consagra como profesor a uno de los principales responsables individualizados de la misma (debe mencionarse que Dagnino Pastore, mientras era Ministro de Economía en 1982, arregló la estatización de la deuda externa privada junto al entonces Presidente del BCRA, Domingo Cavallo).

Dagnino se convirtió luego en uno de esos figurones que, como venimos diciendo, pululan por los diarios y las facultades augurando futuros que, por lo general, jamás se concretan. No sólo esto, sino que brindan soluciones que luego son en realidad causas de profundas recesiones. Así, allá por año 97 Dagnino Pastore afirmaba en el Diario Ámbito Financiero que “...como primera conclusión quiero decir que (la crisis) no será como la del '30. Hoy los recursos que existen son enormes y fundamentalmente existe el conocimiento sobre cómo enfrentar la situación.” He aquí la primera predicción errónea. Pero sobre el fracaso de las recetas del FMI sostiene que “…es cierto que en algunos puntos no fue exitoso, fundamentalmente porque no garantizó el buen uso de los fondos que otorgó. Otro error, el infantilismo de vender en todo el mundo la receta económica del sudeste asiático. Pero creo que no es cuestión de eliminar al FMI sino de apuntalarlo y darle más dinero y fundamentalmente que no trabaje a partir de las modas.” La frase, leída hoy, parece un chiste. Dagnino nos dice que es cierto que el FMI no nos sirve pero que le tenemos que dar “más plata”. El razonamiento no resiste el más mínimo análisis y nos enfrenta a la siguiente disyuntiva: o somos muy giles y no entendemos nada, o Dagnino simplemente nos esta tomando el pelo.

1 comentarios:

  1. dardo el que nunca se avergonzo de ser peronista dijo... 21 de agosto de 2008 23:40

EL ALQUIMISTA Y LOS PENETRADOS
Reflexiones de un albañil peronista metido en sus altos años a estudiante de filosofía, ante otras infames mentiras que mamertos, contreras, lechuguinos y tilingas universitarias repiten como verdad revelada.

Pensamientos eólicos

Noche lluviosa, fría y desapacible sobre los suburbios del septentrión rosarino, lugar donde quien esto escribe habita. Quien esto escribe…este albañil metido en sus altos años a estudiante de filosofía, en la inhóspita noche vuelve a ser en el acogedor interior de la sólida, sencilla y confortable vivienda construida por sus propias manos, el albañil de toda la vida. Con esos ojos mira, compara, coteja. Sus pensamientos vuelan al compás del viento que ulula entre las frondas del barrio querendón camino a la nada del río cercano.

No siempre el pensamiento puede volar cuando el viento arrecia de esa forma. En los ranchos o en las casillas de chapa y cartón, en esas circunstancias el pensamiento suele detenerse cuando el ser humano que es portador del mismo antes que pensar, actúa movido por el miedo y la premura para que Eolo no tire abajo las míseras paredes donde vegeta.

Sin desconocer que como deuda pendiente y llaga abierta en nuestra conciencia nacional, cientos de miles de desarrapados siguen sufriendo en sus inhumanos asentamientos los caprichos de la naturaleza, hay sin embargo un antes y un después en esta cuestión. Mal que le pese a la antipatria, otra Patria fue posible a partir de la providencial aparición del General Juan Domingo Perón.

Seis décadas han transcurrido entre ese antes y ese después. Ese antes de millones de argentinos condenados a vivir como mendigos en la tierra de todas las riquezas. A vegetar en ranchos inmundos y sórdidos cuartos de inquilinato, muchos de estos situados por cruel paradoja en las cercanías de los palacetes de la oligarquía y de los sólidos edificios de rentas de la clase media. Esa cercanía permitía que a veces en los públicos espacios comunes (la vereda, la calle, la plaza) un pibe de conventillo compartiera esporádicamente lúdicas sociabilidades con algún “niño”. La tilinguería universitaria ve en estos encuentros un modelo de ascenso e integración social previo a lo que públicamente nominan y periodizan como “el Primer Peronismo” (aunque en privado derraman sus babas de odio llamándolo como siempre lo han hecho estos zopencos del rencor: “ la Segunda Tiranía ”). Olvidan ex profeso algo que el más simple de los testigos de la época, si no tenía estas anteojeras mentales percibía: que tras el juego compartido, el “niño” retornaba a la confortabilidad de su hogar, mientras que el pibe volvía a la sordidez del hacinamiento. En algunos casos a la promiscuidad, en otros (los más afortunadamente) al cariño filial, pero en todos los casos volvía a la miseria y al hambre. Los vates del tango dejaron testimonio de esos dramas:

…Yo sé lo que es sentirse en una Nochebuena,

teniendo por regalo un solo cacho 'e pan,

sabiendo que los otros, cruzando la vereda,

dejaban sus juguetes allí, en medio del zaguán.

Yo sé lo que es sentirse besado tiernamente

por una pobre madre que no me pudo dar

ni el más humilde y pobre de todos los juguetes…

¡Cuantas memas abobadas de corto intelecto y anchas cinturas que pululan impertérritas por nuestras facultades de inhumanidades deberían curarse en salud analizando El bazar de los juguetes o Accuaforte para comprender el drama social que vivía la Argentina anterior al peronismo! Pero es un deseo inútil. No lo harán, porque si lo hicieran comenzarían a entender la bendición que para nuestra tierra fue la concreción del deseo expresado en su momento por Martín Fierro: que llegara un criollo a mandar. Para estas jamonas acostumbradas a apoyar sus prominentes antifonarios en las poltronas de la antipatria y para sus congéneres masculinos, pérfidos botarates pobladores ambos de las irreales ínsulas universitarias, el momento del sagrado encuentro de la Patria y el Pueblo con su Líder no es más que el de la “oportunidad perdida”.

¿La oportunidad perdida o la infamia de perdidos oportunistas?

El cuentito que la intelligentsia (ese extendido contubernio de políticos e intelectuales unidos por el común desprecio a todo lo que huela a popular y a nacional) ha elaborado, y que repiten a boca de ganso mamertos de toda laya y pelaje que pululan por las nubes de pedos en que se han convertido cual excrecencia sifilítica mal parida por la Reforma del 18 las universidades, es a grandes rasgos así:

“A lo largo de las primeras décadas del siglo XX y especialmente a partir del estallido de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos radicales y conservadores que se sucedieron aprovecharon la coyuntura mundial para que la Nación acumulara reservas de magnitud tal que era harto difícil transitar por las bóvedas del Banco Central sin tropezar con barras y lingotes de oro. Entonces llegó Perón, que dilapidó demagógicamente y en forma increíble esa riqueza, privando al país de avanzar hacia el destino de grandeza que la Divina Providencia le había reservado. Por culpa de Perón la Argentina ha perdido su gran oportunidad”.

Hasta aquí el cuentito. Procedamos a analizarlo. Vayamos por parte como diría Jack El Destripador (es un chiste, ¡che!, dejemos para los gorilas la cualidad de amargos, que si un peronista no tiene sentido del humor no es peronista).

En primer lugar, de ser cierto este enunciado estaríamos ante una palmaria demostración de hijoputez de quienes lo sostienen. No es que quiera cargar las tintas sobre estos lechuguinos, pero que otro adjetivo les cabe a quienes añoran un supuesto país rico con un pueblo pobre. O dicho de otra manera: si el oro estaba, lo que brillaba por su ausencia era el empleo del mismo en beneficio de todos. Siguiendo esta línea de razonamiento, para los contreras que sustentan la teoría de la oportunidad perdida, se debería haber seguido acumulando riqueza sin redistribución.

Pero la gran falacia, el mayor de los embustes de este cuentito es que es falso de toda falsedad. No había oro en 1945. No podía haberlo dadas las relaciones asimétricas que se establecen entre un país dependiente como había sido la Argentina hasta entonces (con la complicidad de los cipayos vernáculos) y la Metrópolis Imperial a la que estaba subordinada.

Para graficar tales relaciones baste el ejemplo del Pacto Roca-Runciman, el cual constituyó según la acertada definición de don Arturo Jauretche, el Estatuto Legal del Coloniaje. El piratón imperial pagaba por nuestros productos primarios lo que se le antojaba y a su vez imponía el precio de las manufacturas que nos vendía. Aún en la coyuntura supuestamente propicia para la Argentina (según repiten sin fundamento algunos loros y cotorras de la antipatria universitaria) que se da con el estallido de la Guerra Mundial , la balanza favorable de nuestras exportaciones no se tradujo en tangibilidad concreta. Lisa y llanamente Gran Bretaña bloqueó nuestras divisas, transformando nuestro superávit en una deuda que pensaban nunca nos pagarían, que se convertiría en uno de los tantos pagadios que nos hicieron a lo largo de un siglo de ignominia.

Sin embargo esos reverendos hijos de la….Rubia Albión se equivocaron. Acostumbrados como estaban a tratar a su “Sexto Dominio” en relación de vasallaje, no advirtieron que nuevos vientos soplaban en ese 1945. Eolo barría en forma de Pampero la vieja mentalidad colonial. En el despejado firmamento de octubre, empezaba a cumplirse la profecía hernandiana: estaba llegando un criollo a mandar.

Un galaico almacenero

El “almacenero”, así con desprecio de clase llamaron los eternos gurúes económicos de la dependencia a Miguel Miranda, un hombre venido desde Asturias con una mano atrás y otra adelante, y que a fuerza de trabajo había llegado a convertirse en un exitoso empresario. La empiria y no los libros cimentaron su éxito. Este “almacenero” fue el elegido por nuestro Gran Conductor para llevar adelante las políticas necesarias y adecuadas para lograr una Patria Económicamente Libre, como reza uno de nuestras tres grandes banderas.

No en vano el General Perón fue ungido cuando nació en la inmensa llanura melancólica, con el óleo sagrado de Samuel. Sabiamente comprendió que para acabar con la nefasta mentalidad colonial y con sus eruditos personeros, se precisaba un hombre como ese asturiano profundamente argentino, sin prejuicios de escuela ni universidad, dotado de sentido común y patriotismo.

Esa política económica genuinamente nacional se tradujo en impresionantes logros. Al respecto me remito a la síntesis que señala un habitual colaborador de La Memoria de Nuestro Pueblo, Roberto Baschetti:

“Nacionalización de la economía. Créditos para la industria. Plena ocupación. Altos salarios. Por primera vez en la historia de nuestro país se evidencia un corrimiento positivo de la economía argentina de la industria laboriosa con respecto al campo parasitario. En 1948 el censo industrial determina que hay 81.937 establecimientos; en 1954 (casi al fin de la experiencia peronista), los establecimientos industriales trepan a 151.798. Se impulsa la industria liviana y toda la industria manufacturera de consumo final. Comienza la producción también, de bienes de consumo durable como motocicletas, automotores, locomotoras y aviones (producción desmantelada prolijamente por los gobiernos posteriores siguiendo ordenes del extranjero). También se producen insumos siderúrgicos y otros derivados del petróleo. Pasan al patrimonio de la Nación : ferrocarriles, puertos, teléfonos, gas, servicios públicos, lo que posibilita no sólo un control sobre la política de tarifas de los mismos, sino también, una reducción de los pagos de servicios y beneficios al capital extranjero generalmente remitidos (como ahora) al exterior y facilitando además un control efectivo sobre la política de inversiones de las empresas públicas. Solamente en un año de gobierno peronista (1948/1949) los chacareros arrendatarios se hicieron propietarios de un millón de hectáreas y la tendencia continuó en los años posteriores. En nueve años de gobierno peronista (1946/1955), se levantaron 76.230 obras públicas, de las cuales 70.000 fueron en el postergado interior de nuestro país. Con Perón se inauguraron y se pusieron en marcha centrales hidroeléctricas, plantas siderúrgicas, diques, gasoductos, refinerías de petróleo, usinas eléctricas: hago referencia entre otras obras a San Nicolás, Río Turbio, represa El Nihuil, Altos Hornos Zapla. La Flota Mercante del Estado pasó a ser la tercera del mundo, con 35 buques, con un tonelaje total de peso bruto de la flota de 269.530 toneladas, con una capacidad total de carga general de 322.153 m3 y una capacidad total de carga frigorífica de 45.928 m3 .”

Agrego simplemente que cuando un país se torna soberano, no es fácil trampearlo en las transacciones comerciales. Eso pronto lo entendieron los ingleses (para desgracia del no vidente británico Jorge Luis Borges y otros masturbados mentales que como él siguen hasta el presente añorando al amo imperial). Acostumbrados a pagar lo que se les daba la gana por nuestro productos, se encontraron de pronto con un gobierno que les decía: -señores, la carne vale en el mercado internacional cuarenta libras la tonelada. Ustedes nos ofrecen diez. Señores: cuarenta o nada.

Muchos pusieron el grito en el cielo por esta forma inédita y viril de negociar. Cundía amariconada y lacrimógena alarma entre la cáfila putrefacta de contumaces contreras y discepolianos mordisquitos: -“No nos van a comprar y nuestros productos se van a pudrir, snif, perderemos todo, snif, snif.” Décadas de dependencia y sometimiento habían generado un sentimiento de subestimación nacional que se reflejaba en estos agoreros. El barullo soez de estos gaznápiros fue en vano. Situados en lo más excelso del patriotismo maridado con el mejor cálculo geopolítico, Perón y Miranda sabían lo que hacían: los ingleses terminaron comprando a cuarenta libras la tonelada. Su situación interna era muy grave y precisaban la carne argentina.

Todo lo cual fue generando en nuestra Nación una bonanza sin precedentes al punto que deberemos situar hacia 1950/51 (y no en 1945 como argumenta la antipatria) el momento en el cual los pasillos del Banco Central se atiborrarán de oro.

El Gran Alquimista

Pero acumulación sin redistribución no es riqueza. Si entendemos la riqueza como justicia social. ¡Y de que otra forma la podemos entender los peronistas!

Vuelvo al compañero Baschetti y su poder de síntesis:

“En nueve años de gobierno peronista se construyeron 8.000 escuelas, la mayor cantidad registrada en toda la historia de la Argentina. El analfabetismo se redujo en todo el país al 3%. También durante el peronismo se construyeron 500.000 viviendas con capacidad para cerca de 5 millones de personas. Veamos el caso concreto del Banco Hipotecario Nacional: entre 1886-1946 (60 años) dio préstamos para 20.000 viviendas; entre 1946-1951 (cinco años con el peronismo en el poder) otorgó préstamos para 217.000 viviendas. Se dignificó a todos los trabajadores mediante contratos de trabajos, leyes de previsión social, jubilaciones y pensiones, cooperativas, proveedurías, escuelas técnicas, etc. Se crearon los tribunales de trabajo (ya que hasta entonces el obrero no tenía un lugar a donde reclamar por sus derechos conculcados y que se le hiciera justicia). Evita decía: “donde hay una necesidad hay un derecho” y la Fundación Eva Perón creó entonces los hogares escuela, la ciudad infantil, la ciudad estudiantil, los hogares para ancianos, los hogares de tránsito, el hogar de la empleada, hospitales, clínicas y policlínicos para la gente, vacaciones pagas, turismo infantil, colonias de vacaciones para todos los pibes del país y la lista puede seguir ad infinitum.”

Claro que puede seguir la lista (latinazgos al margen) como palmaria demostración de la transmutación de la materia que realizó en la década más gloriosa de nuestra Patria, nuestro inmortal General Perón. El, en la senda de los antiguos alquimistas que buscaban la piedra filosofal y la panacea universal, encontró la auténtica panacea nacional al transformar el oro acumulado gracias a su brillante política económica, en felicidad y dignidad para todo el pueblo argentino.

Lamentablemente, y causa vergüenza ajena admitirlo, esta gran obra social del mayor humanista que observó el mundo en el siglo XX, fue y es puesta en tela de juicio por los necios, por los palurdos de intelecto atrofiado que por mera ignorancia o por refinada maldad, continúan sembrando el veneno de sus sanguinolentas pústulas cerebrales.

Los penetrados

El peronismo favoreció desde el Estado una transformación del significado social del habitar, al democratizar el acceso a la vivienda, entendida como un derecho de los trabajadores y sus familias. La ciudad de iguales, materializada en innumerables barrios construidos a lo largo y ancho del país, fue la inspirada asociación de los ideales higienistas con los valores de sociabilidad y vecindad cuyo resultado fue la ciudad saludable a la que los trabajadores accedieron de la mano de Perón y Evita.

Su ícono arquitectónico fue el llamado “chalecito californiano”, en rigor de verdad de estilo colonial, que tomó su equívoco nombre por haber hallado inspiración formal en la arquitectura de las misiones jesuíticas de la costa oeste de los Estados Unidos. Un simple cotejo de observación primaria entre estos chalecitos con jardín y la sordidez actual de los Fonavis, habla a las claras de la tarea de dignificación del ser humano del peronismo.

Pero el odio y la ignorancia, como dijimos han hecho escuela. Ya en los años gloriosos de la Nueva Argentina surgió la leyenda negra: “los negros levantan el parquet de las casas que el tirano y la yegua les regalaron para hacer asado”.

Mas allá de la ofensa a nuestro General y nuestra Evita, destaquemos en esta infamia dos flagrantes mentiras. Primero, que al revés de lo que se hizo después con el manejo clientelar de los Fonavis, las viviendas no se regalaban. Por el contrario había que cumplir con los requisitos que establecía el Banco Hipotecario Nacional para acceder a las mismas. El pleno empleo y la dignificación salarial del mismo, permitían que el trabajador alcanzara la propiedad de su casa, comprada en cuotas que a su vez posibilitaban reproducir el sistema al generar recursos genuinos para seguir construyendo.

La segunda mentira es refutable desde la más elemental observación empírica. El parquet no es más que un machimbre pegado al suelo mediante brea. Imaginemos la humareda y el olor que desprendería ese material si se lo intentaba utilizar como leña. De solo pensarlo ya nos arden los ojos.

Pero la leyenda negra perduró más allá de su evidente falsedad y maledicencia. O tal vez esa perdurabilidad se dio justamente por esas dos condiciones. Había (y hay) mucho odio de clase y racismo, que la clase media encubre de “democratismo”. En realidad el contacto con lo que llamaban “la negrada” o “el aluvión zoológico” enervaba a la intelectualidad de entonces. Narra Jauretche: “el doctor se amarga porque ya no es tan importante; añora el tiempo en que fue el pequeño Dios casero del barrio o del pueblo; época en que la gente lo veía pasar a un Martínez Estrada y las comadres del conventillo decían: -es escritor, sale en los diarios…ahora hasta le paran el carro si el doctor intenta -como otrora impunemente hacía- protegerlos con su tuteo”. Agrega Don Arturo: “tampoco se puede ganar la lealtad para toda la vida de un peón de campo con el regalo de unos pantalones viejos, cuando hay un Estatuto del Peón”.

O como en feliz definición establecía el colorado Jorge Abelardo Ramos:” no se puede entender el peronismo sin las chinitas que se volvían rubias”. Histéricas chirusas de la clase media ponían el grito en el cielo clamando a todos los santos ante el tupé de las humildes mujeres de la Argentina Profunda que desafiaban con glamoroso oxigenado, estéticos terrenos que les habían estado vedados. Un bucle dorado igualaba el gineceo de las clases sociales con idéntica eficacia a la de la Ley de Voto Femenino.

Eso ayer ¿y hoy? Hoy aunque traten de disimularlo con discursos políticamente correctos, los jóvenes que accedieron a una educación superior gracias a que sus padres y abuelos fueron dignificados por el peronismo, en su gran mayoría son unos ingratos renegados. Unos penetrados culturales. Lamentablemente tantos años de mentiras, ocultamiento y lavado de cerebro los han convertidos en eso: en unos penetrados impotentes de superar la mentalidad colonial.

Da grima hablar con ellos. Se creen superados y no pasan de ser unos eunucos con intelecto castrado. Si hablan de cine…conocen todo el cine, todas las corrientes en boga en el mundo. Con ridícula erudición pueden hablar de la intencionalidad oculta en las imágenes de un Bergman…o de Abbot y Costello. Ahora si uno logra meter en medio de su jocunda y académica verborrea pedorresca una simple pregunta como ¿viste Luna de Avellaneda? o ¿conocés la obra de Leonardo Favio? un no rotundo es la respuesta.

Se conocen toda la filosofía. Se ciscan de memoria a Habermas o como corresponde a impertérritos y eternamente adolescentes herederos del ochentoso Club de los Fucoltitos[1], a Foucault, pero de filósofos nacionales como Rodolfo Kush o Carlos Astrada, ni noticias.

Los penetrados ignoran que lo son. Se creen impolutos. Entienden que hay un pasado nacional común, pero lo que saben de historia argentina lo estudian con yanquis como David Rock y Daniel James o natives como Luis Alberto “flor de” Romero, el inefable gorila radical Félix Luna o el hijo putativo de este: Felipe “!plin! caja” Pigna. De los que hacen la verdadera historia como Pepe Rosa, ni noticias.

Esa ignorancia no los exculpa. Los penetrados no son inocentes. Durante el menemismo accedieron relajada, gustosa y pasivamente a tener relaciones carnales con el amo imperial. Por unos dólares, por un viaje de egresados a Cancún o simplemente por vicio congénito, estos degenerados al tiempo que libidinosamente entregaban sus baqueteadas grupas a las lubricias del falo yanqui, eran totalmente indiferentes frente al neoliberalismo que produjo en la Argentina la mayor entrega del patrimonio y la soberanía desde los tiempos de la Década Infame. Dispénseme el lector la crudeza cuasi soez de la concomitancia utilizada pero no hay forma más contundente de graficar tal concupiscente complicidad.

Los penetrados compran su propia y abyecta sodomización cultural. Circulan por los lugares que la intelligentsia les impone (universidad, prensa, etc.) para que elaboren con supuesta racionalidad el desprecio al pueblo del que forman parte. Suelen ocultar ese desprecio direccionandolo no al pueblo, sino al peronismo[2], sin entender que pueblo y peronismo constituyen una misma e inseparable sustancia de la Patria , amalgamada de una vez y para siempre en los días felices por gigantes de la estatura moral de Perón y Evita. Medio siglo después, los penetrados demuestran con su rencor militante de analfabetos funcionales a los intereses antinacionales, que el peronismo continúa siendo el hecho maldito del país burgués. Y en virtud de esa condicionalidad revulsiva se constituye en la única herramienta válida para superar la tara de la colonización pedagógica. Como decía don Arturo Jauretche, si no destruimos esa colonización, si no acabamos con la penetración cultural y con la mentalidad de los penetrados, será imposible la liberación nacional.



Dardo Olea

Escuela de Filosofía

Universidad Nacional de Rosario

dardoolea@hotmail.com

[1] La patota cultural alfonsinista que fue patrón y soto de la vereda intelectualoide en la década del 80 en la rosarina Facultad de Filosofía y Letras (travestida a partir de esos años en Facultad de Humanidades y Artes) recibió ese irónico mote por su irracional adoración del filósofo francés Michael Foucault. El nombre deviene de un fenómeno radial ocurrido dos décadas antes de estos lamentables sucesos. Me refiero a El Club de los Ruxcolitos, un programa infantil que se emitía por la rosarina LT2 con el auspicio de la empresa local Baracco, fabricante de la chocolatada Ruxcoa. Datos obtenidos de la profesora Mónica B., titular de la cátedra de Teoría Política en unas de las Escuelas de la citada Facultad.

[2] Con peronismo no me refiero a ninguna estructura partidaria, sino a una filosofía profundamente humanista, abarcadora de todos los aspectos de la vida argentina. Aclaro para los ignaros de distinta laya, que este albañil metido en sus altos años a estudiante de filosofía, renunció asqueado al pejota cuando vio que como era cooptado y traicionado en su esencia por el palíndromo riojano que usurpó (con la anuencia de los penetrados) la Casa Rosada a partir de 1989.